¡Hola! Otro viernes más la fotografía vuelve a tomar el control del blog... y no puedo estar más agradecida de la súper acogida que tuvo la primera parte de "Mejora tus fotografías". Preparar este tipo de entradas lleva bastante más trabajo de lo normal, y ver que el contenido gusta es para mí un chute de energía tremendo.
Si la semana pasada hablaba de luz y composición, hoy le toca el turno al modo manual. El post está especialmente orientado al manejo de las cámaras réflex o las evil, pero si tu equipo fotográfico consta únicamente del móvil, ¡no te vayas todavía! Seguro que, dejando de lado los puntos más técnicos, puedes sacar provecho de alguno de los tips –y, además, muchos móviles ya permiten la opción de activar ajustes manuales... así que si tu móvil es uno de ellos ¡estás de suerte!–
AUTOMÁTICO VS. MODO MANUAL

APERTURA DEL DIAFRAGMA - PUPILA
Si imaginamos la cámara como si fuera un ojo, la apertura sería la pupila. Cuanto más dilatada está, más luz entra.
La apertura afecta a la profundidad de campo y controla el área enfocada. Se mide en valores f. Cuanto más alto sea el valor f (apertura pequeña) tendremos una mayor profundidad de campo y, por tanto, el área enfocada será más amplia. Si, por el contrario, ajustamos un valor f pequeño (apertura grande), habrá menos profundidad de campo y, en consecuencia, el objeto principal de nuestra foto quedará nítido y el fondo se verá desenfocado.
Además, hay que tener en cuenta que la apertura afecta también a la cantidad de luz que entra. La foto será más luminosa si utilizamos aperturas grandes (valores f pequeños).
Las aperturas grandes son estupendas para retratos, ya que permiten destacar al sujeto y difuminar el fondo. Por su parte, las aperturas pequeñas son ideales para paisajes, ya que la fotografía quedará totalmente nítida y enfocada.


VELOCIDAD DE OBTURACIÓN - PÁRPADO
Siguiendo con la analogía del ojo, la velocidad de obturación sería el párpado. El obturador de la cámara lo forman unas cortinillas que, subiendo o bajando, controlan el tiempo que el sensor está expuesto a la luz. Cuanto más tiempo tenemos abierto el ojo, más luz e información entra... y, en este caso, cerrarlo equivaldría a disparar la foto.
La velocidad de obturación se mide en fracciones de segundo. Las velocidades rápidas congelan el movimiento y las velocidades lentas crean sensación de movimiento. Esto es más fácil de entender si imaginamos, por ejemplo, el fluir de un riachuelo: si fotografiamos el agua en movimiento a una velocidad de 1/2500 fracciones de segundo, en la imagen veremos el agua congelada en un instante. Si, por el contrario, mantenemos el obturador abierto durante un segundo, en la imagen quedará reflejado el movimiento del agua de forma sedosa.
A la hora de utilizar velocidades lentas (1/125 o menos) conviene utilizar trípode, ya que si disparamos a pulso la foto saldrá movida (aunque parezca mentira, sin un punto de apoyo es tremendamente difícil mantener la cámara totalmente inmóvil durante medio segundo).
Las velocidades lentas son perfectas para capturar el movimiento del agua en una cascada o hacer lighpainting (reflejar, por ejemplo, el trajín de una autopista a través de las líneas de las luces de los coches). En cambio, si queremos cazar en el aire a una persona saltando utilizaremos una velocidad de obturación rápida (foto tomada en milésimas de segundo).

YA SE QUÉ ES CADA COSA... ¿Y AHORA QUÉ?
Una vez tengas claro para qué sirve la apertura, la obturación y el ISO, ¡es hora de jugar!
Como hemos visto, cada uno de los parámetros tiene una función única... pero los tres tienen algo en común: inciden directamente en la cantidad de luz que recibe el sensor. Si utilizas uno de los modos semimanuales no tienes que preocuparte demasiado por la luz, ya que la cámara ajustará sola los dos parámetros que tengas puestos automáticos y compensará con ellos la falta o exceso de luz. Cuando utilizas el modo manual eres tú quien tiene que cuidar que la exposición sea la adecuada; es decir, tienes que equilibrar los ajustes manuales (abertura, obturación e ISO) para que no haya exceso de luz –foto sobreexpuesta– ni falta de luz –foto subexpuesta–.
Al activar el modo manual de la réflex verás en la pantalla diversos comandos que te permiten ajustar los parámetros. Junto a estos comandos hay una herramienta muy útil: el exposímetro. Lo ideal es que una vez hayas ajustado la apertura, la obturación y el valor ISO, el exposímetro marque cero. Un número superior a cero indica que la imagen está sobreexpuesta (demasiada luz) y un número negativo significa que la imagen está subexpuesta (falta de luz).
Para lograr equilibrar la cantidad de luz que llega al sensor tenemos que jugar con la apertura, la obturación y el ISO (especialmente con la apertura y la obturación... a mí me gusta dejar el ISO un poco al margen porque es la variable menos importante de las tres). Así, si utilizamos una apertura grande –entra mucha luz–, tendremos que compensar eligiendo una velocidad de obturación lenta –disparo rápido, sensor menos tiempo expuesto a la luz– para que la imagen tenga una exposición equilibrada. Al final, todo es cuestión de probar, practicar y armar el "puzzle de tres piezas" de forma que encajen.
CONSEJOS FINALES
Por último, no olvides nunca que las fotos las haces tú, ¡no tu cámara! Da igual que tengas un móvil, una réflex básica, un objetivo de mil y pico euros o una cámara profesional, al final lo más importante es quién maneja el equipo. Un buen fotógrafo hará buenas fotografías con cualquier cámara... y es que la cámara es simplemente una herramienta que, en buenas manos, puede crear maravillas. La cámara nunca mira por ti, quien mira eres tú a través de tu cámara.