
Viajar es uno de los mayores placeres de la vida, pero no siempre tenemos tiempo para ello. Por eso las escapadas son a veces tan importantes, porque nos ayudan a matar ese gusanillo. Mi última aventura fue a Oporto y os lo cuento todo.
Muchas veces nos empeñamos en viajar a lugares lejanos, exóticos y cuanto más raros sean sus nombres, mejor. No obstante, existen lugares preciosas más cerca de nosotros de lo que nos pensamos y Portugal es el ejemplo perfecto.
En mi caso escogí Oporto porque me habían hablado muy bien. Lo malo fue que el clima no me acompañó en nada, el viento y la lluvia fueron los principales protagonistas de esta escapada. Sin embargo, esto no impidió que disfrutara de la gastronomía portuguesa.
Debo admitir que antes de viajar a Oporto, ya iba con los deberes hechos. Es decir, con una amplia lista de sitios a los que acudir que mi amiga María me había comentado, ya que estuvo de Erasmus allí. La verdad es que me hizo un croquis de la ciudad estupendo, mencionando las mejores cafeterías y bares para ir a comer. 
Pero si tuve mala suerte con el clima, con los horarios de apertura tuve más, ¡jajaja! Resulta que los domingos son días de descanso en muchos bares y restaurantes. Debido a mi trabajo, las únicas escapadas que puedo hacer son los fines de semana, así que imaginaros mi cara cuando veía cerrados todos los sitios que María me recomendó.
Me sentí un poco perdida, del estilo: “¿y ahora qué hago? Con lo bien programado que lo tenía todo”. Pues no me quedó otra que innovar, pero tampoco me salió tan mal.
1º. Desayuno en Cafe Progesso.
Una de las cosas que más me impresionó de Oporto es que tiene un ambiente muy hipster y esto se demuestra también en sus cafeterías. Escogí este lugar para el desayuno, primero porque estaba lleno y segundo, porque me gustó la estructura del interior.
Había mesas individuales, pero también tenían la típica mesa alargada de madera para desayunar con gente desconocida. Los platos más comunes que salían por la cocina eran los revueltos y las tortitas. En mi caso, pedí algo más light, más españolito: café, zumo de naranja y torradas (tostadas).
Me llamó la atención las tostadas, porque en todos los sitios son iguales, un pan de molde grueso cortado y tostado con la mantequilla. Además, hay una cultura del café y del pan muy presente en la gastronomía de Oporto.
2º. Comida en Lareira.
Uno de los sitios que más me gustó de la ciudad fue este restaurante. Primero porque el servicio es estupendo, nos trataron superbien y encima, aunque no hablábamos para nada portugués, no importó, porque nos entendieron a la perfección e incluso nos trajeron una carta en español.
Allí fue donde conocí el famoso caldo verde, que tan típico es y sobre todo, el culto que le tienen a los bocadillos en la ciudad. Nos decantamos por un surtido de embutido y quesos, así como una combinación de diferentes bocatas como el de jamón con queso de la sierra y otros muchos más, pero que no recuerdo sus nombres.
Finalmente, para el postre nos decantamos por una bolacha de chocolate. Ya no podíamos más, pero era obligatorio pedir el postre.

3º. Merienda en Chocolatería Das Flores.
Es un sitio pequeño, pero con un encanto especial. Tiene una amplia exposición de chocolates caseros y destaca por sus sándwiches de crema de cacao, sus pasteles y bombones. Nada más entrar tiene un pequeño salón con mesas y sillas blancas y al fondo, la cocina con los expositores de chocolate.
En una cafetería perfecta para parar y recuperar un poco las fuerzas. Tomarte un café, comer algo ligero y con azúcar para continuar caminando y descubriendo nuevos sitios.
Además, no os podéis marchar de Oporto sin probar los famosos Pasteles de Belém. Los cuales, podéis probar en cualquier lugar, pues los venden en todos los sitios. A continuación, os dejo este vídeo que podréis encontrar en mi canal de Youtube, donde os muestro una parte de cómo lo elaboran.



