Parece que fue ayer cuando empezamos con esta sección que comenzó en el 2015 y hasta hoy ya ha llovido, tronado, ha hecho sol, viento,... y aún seguimos aquí.
En agosto del año pasado compartí con vosotros el Acertijo 24: Recetas para amar y matar, en el que el acertijo venía en forma de receta y desde entonces la idea de presentaros el acertijo de cada mes en este tipo de formato me rondaba en la cabeza, pero no se hizo el cambio hasta febrero de este año. ¿Qué os ha parecido el cambio? ¿Os gusta más el formato de Acertijo o estáis a favor de Receta para una historia?
Cuando se despertó esa mañana, se acordó que hacía 26 años que llevaba celebrando la misa en la Iglesia de El Carmen. Conocía a todos sus feligreses, a los que siempre estaba dispuesto a ayudar, independientemente del problema que tuvieran.
Ya en la iglesia, cuando se dirigía al altar, se desplomó ante la mirada de todos los asistentes.
De la sacristía salió un joven que vestía hábito, se acercó a socorrer al viejo sacerdote y pidió ayuda a los feligreses. Una mujer sacó su móvil del bolso y llamó a urgencias.
El joven impartió la misa y al finalizar, pidió a todos los asistentes que salieran de la iglesia y cerró sus puertas. Una hora más tarde la abandonaba.
El padre Manuel murió en la ambulancia camino del hospital.
La causa de la muerte, un infarto. Pero una llamada anónima al hospital, hizo necesaria la presencia de agentes de Homicidios de la Policía Nacional.
La antigua inspectora de homicidios Eva Wärn disfrutaba de un Café latte que le había servido Marianne, la dueña del café situado en el casco antiguo de la población. Siempre le había encantado la espuma blanca con canela espolvoreada, así adivinó Marianne tiempo atrás cuando se conocieron. Le encantaba saborear ese pequeño momento y siempre le hacía olvidar su dura vida, tanto profesional como personal.
Marianne era una antigua enfermera, que tras morir su marido de infarto y jubilarse, decidió invertir todos los ahorros en montar un café para cambiar de vida y dejar atrás años de infeliz matrimonio, había conseguido parar años de odio, rabia irracional y agresividad. Marianne, ahora era feliz, atendiendo a la cada vez más numerosa clientela del barrio, gracias a sus exquisitos dulces y bollos y a sus excelentes cafés preparados con mimo y esmero.
Marianne y Eva solo compartían entre ellas un secreto, un secreto que les había cambiado las vidas.
Hace un año Eva se encontraba en la peor etapa de su vida, su marido había vuelto a beber y, de nuevo, le estaba pegando. Se encontraba investigando la muerte de un hombre en aparentemente circunstancias normales, pero que consiguió relacionar con otras 4 muertes más de otros hombres en los últimos años, todos muertos por causas de infarto. En las declaraciones de sus 4 esposas no se encontró nada extraño, sólo que habían salido a pasear por el centro y que cuando volvieron a casa, los hombres sufrieron el infarto.
En la autopsia realizada a último fallecido, al haber muerto sólo en casa, se encontraron en el estómago, restos de café y bollos de canela. Café, bollos de canela, paseo por el centro…, su intuición policial, le hizo sentir una corazonada. Sólo había un sitio en el centro que servía esos dulces.
Al día siguiente decidió visitar el café e interrogar a la dueña. Al entrar al local le inundó un reconfortante olor dulce a canela. El sitio estaba bastante concurrido, pero consiguió encontrar una mesita en la esquina. Tras esperar un poco se acercó una mujer mayor y ya le dejó una café y un par de bollos de canela.
Te he estado observando un rato y creo que un café latte te vendrá muy bien, le dio la mujer.
¿Cómo ha podido averiguar que me gusta este café, con espuma de leche y canela?, pensó Eva. Tras terminar la merienda, se dirigió a la barra a pagar con la intención de hablar y conseguir más información de la mujer.
El subinspector Javier Nori se defendía en la rueda de prensa organizada en la Comisaría Central de las preguntas inquisitivas de los numerosos periodistas allí concentrados. Acababa de anunciar que habían encontrado a Nicolás, el último niño desaparecido en el concurrido centro comercial de las afueras de la ciudad. Dos amigas que salieron a pasear muy temprano por el frondoso bosque cercano, habían presenciado una visión fantasmal de un hombre alto y deforme que llevaba en sus brazos a un niño. Tras dar la alarma a la Policía y después de la batida y pesquisas pertinentes dieron con una casa abandonada en la parte más alta del bosque en donde encontraron a Slenderman un vagabundo de la zona que sí tenía a Nicolás, consiguiendo rescatarlo. Por el momento no tenían más datos sobre el paradero de los otros 3 niños desaparecidos, Kike, Pablo y Carlos, todos vistos por última vez en el gran centro comercial cercano al bosque.
Ana Arén Inspectora Jefe, observaba la rueda de prensa desde un segundo plano. Siempre al subinspector se le daba mejor hablar en público y no hay que negarlo le gustaban los flashes, cámaras y preguntas. Ana estaba ensimismada pensando en el caso. No había ningún indicio de los tres niños restantes y sabía que el pobre Slenderman no había sido, conocía a este vagabundo desde hace tiempo y por ahora sólo era un cabeza de turco que al menos tendría distraída a la prensa y restaría presión momentánea al caso.
Los cuatro niños habían desaparecido del mismo centro comercial, un centro comercial plagado de cámaras interiores, pero que ninguna había funcionado justamente en los momentos donde se produjeron las desapariciones de los cuatro pequeños. Sólo disponían de una imagen que les confirmaba que podría tratarse de un secuestro. Una de las cámaras de una de las salidas, sí había funcionado y había grabado de espaldas a un hombre de pelo moreno y rizado saliendo del centro comercial de la mano de Pablo. No podían verle el rostro ya que figuraba de espaldas, pero sin duda no se trataba del vagabundo del bosque.
Horas más tarde, Ana había quedado con su amiga de toda la vida, Inés, periodista del diario local La Noticia y con la que siempre compartía sus reflexiones y averiguaciones y que siempre le era de buena ayuda, aunque inevitablemente acababa filtrándole algún detalle de primicia antes que cualquier otro medio.
Ana e Inés salieron a pasear por el bosque para despejar la cabeza y hablar del caso. Estuvieron andando por éste un buen rato, hasta que llegaron a otro sitio que resultó familiar para ambas. Te acuerdas Ana de este lugar? dijo Inés. Es donde encontraron a Patricia. Pobre…
Patricia era su otra mejor amiga de la infancia, con la edad de 10 años un día se fue con unos chicos que ni Ana ni Inés conocían mucho. Ese día ellas no pudieron salir. Patricia no volvió a casa, nadie supo de estos chicos y al cabo de 5 días de búsqueda la encontraron muerta en el fondo de un barranco. Se entendió que fue un accidente, pero la rabia y la impotencia que embargó la familia y amigas siempre quedó ahí. ¿Porqué esos chicos con los que se fue no la socorrieron o ayudaron? En el caso quedaron muchas incógnitas abiertas.
Mientras se encontraban hablando Inés y Ana, descubrieron un objeto que destacaban por encima de los tonos verdosos del bosque. Se trataba de unos relucientes zapatos fucsia. Mira Ana, son como los zapatos que tanto le gustaba vestir a Patricia. Ana no dejaba de salir de su asombro. Tuvo una corazonada y se llevó consigo los zapatos fucsia que tanto recordaban a su amiga.
Al cabo de una semana, Ana se puso en contacto de nuevo con su amiga Inés. Inés te adelanto la noticia en primicia, como siempre. Hemos resuelto el caso de los niños desaparecidos, pero lo que no te puedes creer es que ambas estuviéramos tan relacionadas.
Después de nuestro paseo y hallazgo de los zapatos fucsia, al poco recibimos del laboratorio criminalístico el resultado del análisis de la ropa de Nicolás. Estos resultados arrojaron presencia de restos de basura orgánica en la ropa, y entonces mi corazonada empezó a cobrar sentido.
¿Te acuerdas de Ramón, el padre de Patricia? Trabajaba en el viejo Basurero que había en el barrio. Pues fui a buscarlo pero ya no trabajaba en él, se había jubilado al haberse transformado la vieja instalación en una moderna Estación de Recogida Neumática de residuos urbanos. Él había muerto, no hacía mucho, pero me contaron que su puesto era vitalicio y había pasado ahora a su hijo Joan que trabajaba con técnico.
Analizando los zapatos encontré una etiqueta adhesiva en el interior de uno de ellos que ponía Zapatería Muriel. Es una de las zapaterías del centro comercial donde había desaparecido los niños. Ello me llevo a revisar todas la cámaras y a confirmar mis sospechas. Encontré en una de las grabaciones un hombre moreno con el pelo rizado y vestido con el uniforme de técnico de residuos que salía de la zapatería con una bolsa. EL parecido físico con la única imagen del rapto de Pablo que poseíamos era muy claro.
Esto nos llevó a seguir a Joan y a descubrir que trabajaba en el turno de noche, en el que la actividad se reducía bastante y que le permitió esconder y retener a los niños. Joan era también hacker informático y gracias a ello consiguió acceder a sistema de grabación para desconectar justo las cámaras de vigilancia en el momento de los secuestros.
Afortunadamente los niños se encuentran bien. Joan no ha dicho palabra, pero todo apunta a que ha sido el autor de los cuatro raptos. Posiblemente un accidente o un desliz hizo que Nicolás se escapara y este fallo permitiera iniciar nuestra búsqueda.
Él no comenta nada, pero seguro que el dolor, la rabia por la pérdida de su hermana y a raíz de la muerte de su Padre hayan desencadenado con el tiempo esta conducta y estos hechos.