
La visión de un mundo surrealista.
Adentrarse en la obra de la pintora española Remedios Varo, es emprender el viaje hacia un mundo fantástico de espacios intangibles, en compañía de seres místicos que invitan a desenmarañar las más diversas facetas de la psique humana.
Variados personajes de aspecto humanoide, facciones alargadas y un aire sombrío, que dejan entrever parte de su intimidad, mientras se dedican a actividades cotidianas, son característicos en las obras de esta representante de la pintura surrealista.
Biografía Remedios Varo.

Junto con pintores como Salvador Dalí, André Bretón y un grupo de intelectuales de su época, formó parte del movimiento surrealista, que surgió tras la publicación del primer manifiesto surrealista (André Bretón, 1924).
A lo largo de su vida residió en distintos países como su natal España, Francia, México y Venezuela, en parte motivada por un espíritu aventurero y por otro lado queriendo dejar atrás los horrores de la Guerra civil española, y de la ocupación Nazi en Francia.
Durante la Guerra civil española conoció al poeta Benjamín Péret, con quien entabló una relación amorosa; en 1941 ambos emigraron a México para ser recibidos por el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, en calidad de refugiados políticos.
En 1952 se unió en matrimonio con el político austriaco Walter Gruen, quien fuese su compañero por el resto de su vida.
Murió el 8 de octubre de 1963 en la Ciudad de México, a causa de un paro cardiaco.
El misticismo que Remedios Varo plasmó en sus obras, parte de la premisa de que la magia existe. La más clara manifestación de dicha magia se encuentra en la naturaleza y todas aquellas fuerzas que están más allá del control del hombre.
En gran parte de las pinturas de Remedios Varo, los elementos arquitectónicos juegan un papel primordial, ya sea como contenedores de un espacio íntimo, que cobija los secretos de sus ocupantes, o bien al fusionarse con intrincadas formas de la naturaleza, en una simbiosis perfecta que no permite distinguir entre principio y fin de uno u otro.
Es así como esta alquimista del arte supo aprovechar su capacidad para conferirle a cada cosa y cada lugar gran parte de su magia.
Una clara predilección por los gatos ha quedado plasmada en varias obras de la pintora, quien también dedicó parte de su carrera al dibujo publicitario, el cual finalmente abandonaría (a petición de Walter Gruen, su segundo esposo) para dedicarse por completo a la pintura.
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