Sinopsis: Beth y Stu Davenport se mudan a un tranquilo pueblo en la campiña inglesa para darle a su hijo Gabriel una idílica infancia alejada de la gran ciudad. Pero, en una sola noche, una antigua maldad oculta hace añicos ese sueño y cambia sus vidas para siempre. Años más tarde, Gabriel es un adolescente que vive en la peculiar Mansión, un hogar que acoge a personas dotadas para lo sobrenatural, y en la que comienza su particular búsqueda de respuestas sobre lo sucedido en su infancia. Esta búsqueda le llevará por un camino repleto de sombras hasta enfrentarle con el demonio que destruyó a su familia hace tantos años.
Ya desde las primeras páginas la historia te atrapa, y no es necesaria una caja de madera, como al ser maligno que tanto mal causa a los Davenport. Es gracias a los personajes, con sus propios anhelos y miserias, miedos y ansia de conocimiento; a la Mansión en la que se desarrolla gran parte de la historia, conocedora de todos los secretos y mentiras que se ocultan en ella y a la ágil pluma de la autora, Beverly Lee, que nos conduce como espectadores de esta historia de entidades sobrenaturales en la que hay espacio hasta para los vampiros.
Particularmente no he sentido miedo con esta novela, pero si inquietud, incluso algo de mal rollo (hay algunas descripciones tan vivas que no es difícil evocarlas al cerrar los ojos).
Los capítulos son cortos, y en cada uno de ellos se nos relata el punto de vista de un personaje. Mi preferido sin duda es Noah, un reverendo que verá su fe puesta a prueba con los hechos que acontecen y que no estará exento de sufrir las consecuencias de acercarse a Gabriel tras la fatídica noche en la que todo cambió.
En definitiva, una novela muy recomendable, adictiva y que te hará mirar a los pájaros con otros ojos.