Su autobiografía, "Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia", publicada en 1983, la llevó a la fama internacional y le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1992. Menchú ha continuado su trabajo como defensora de los derechos humanos, abogando por la justicia social, la igualdad de género y la protección del medio ambiente, especialmente en comunidades campesinas e indígenas. Su valiente lucha y su compromiso con los derechos humanos la han convertido en un símbolo de resistencia y esperanza en América Latina y en todo el mundo