Si hay algo que nos enamora en Buenos Días Mundo, es La Tierruca. Lo hemos anunciado a bombo y platillo, y es que nos encanta descubrir rincones nuevos, redescubrir los de siempre y exprimir al máximo este paraíso donde tenemos la suerte de vivir.
Uno de nuestros planes favoritos cuando estamos en Liébana, especialmente los días en los que el tiempo acompaña, es hacer pequeñas rutas donde nos quedamos con cara de bobos admirando el paisaje y la belleza de la naturaleza que nos rodea. Y en esta ocasión os mostramos una ruta espectacular.
Cuando recientemente dije a mi familia que voy a tasar mi moto online porque quiero vender mi moto, enseguida comenzamos a recordar todas las rutas increíbles que hemos hecho con ella en los Picos de Europa.
Hoy os traigo esta ruta de los Puertos de Áliva cruzando los Picos de Europa y degustando gastronomía típica en los pintorescos pueblos donde os propongo parar que, sin duda, os robará el corazón.
El primer tramo de esta ruta consiste en subir de Potes a Espinama, separados por unos 23km. Esta localidad de Camaleño se encuentra enclavada a los pies de los Picos de Europa.
Durante la parada en Espinama, podéis visitar la antigua iglesia de la localidad -del siglo XVII- y varios hórreos tradicionales bien conservados que hay en el pueblo. Como curiosidad, podéis fijaros en el Escudo de la fachada de la Obra Pía –del siglo XVIII-, que se encuentra en la actual iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, y acércate a ver la Ermita de la Virgen de la Salud de Áliva y la Casa Rectoral, que cuenta en su fachada con varios antiguos escudos de armas.
Espinama destaca por su cocina tradicional, una cocina contundente, con abundancia de productos cárnicos. Su plato más emblemático es el cocido lebaniego. A destacar la fama del Hostal Remoña, su cocina sin duda merece una visita. Un MUST gastronómico en Espinama.
Continuamos la ruta: de Espinama sale una pista que sube hasta Áliva y el Cable (La estación superior del Teleférico de Fuente Dé).
En unos 20 minutos te encontrarás en los Puertos de Áliva (zona de pastos comunales de alta montaña), donde además de disfrutar del increíble paisaje que te rodea, aconsejo hacer una parada -obligada- para tomar un refrigerio en el Refugio de Áliva (accesible tan solo en todoterreno o moto de campo).
Desde el Refugio de Áliva coges la pista que cruza hasta la provincia de Asturias haciendo una parada antes de salir de la comunidad en Tresviso, el pueblo más aislado de Cantabria.
Tresviso es un balcón a los Picos de Europa, un lugar de desconexión y de conexión con la naturaleza. Sus casas de piedra típicas, su iglesia depiedra de principios del siglo XX, y un sinfín de rutas de senderismo entorno al pueblo.
Durante tu visita, te recomiendo una parada gastronómica en el Restaurante Redondal. Cocina casera y tradicional que sin duda se ha convertido en un MUST en tu visita a Tresviso. El producto estrella son sus carnes, ya que cuentan con su propia ganadería. El entrecot o los escalopines al Tresviso roban corazones, y la tabla al pastor (chuletillas, borono, huevos fritos, torto, patatas fritas y croquetas) o la tabla de queso de Picos de Europa (quesos con DOP de tres variedades de Quesucos, Picón Bejes-Tresviso, Cabrales y Gamoneu) no pueden gustarnos más.

Después de la visita a Tresviso (y ojalá un buen homenaje en el Redondal) vamos a pasar a la zona asturiana de los Picos de Europa, desembocando en el pintoresco pueblo de Cabrales, de donde no deberías marcharte sin unas fabes, tomar unas sidras en los “chigres” y degustar el afamado Queso Cabrales, queso azul que cuenta con DOP, y es una de las señas de identidad de los productos gastronómicos asturianos. 
Después de la visita a Cabrales, iniciamos la vuelta a Potes cogiendo la carretera general hasta Panes. Una vez allí atravesamos el Desfiladero de la Hermida, que con sus 21 kilómetros de longitud lo convierten en el más largo de la Península Ibérica. Un auténtico espectáculo paisajístico que marca el límite de los Picos de Europa y nos da acceso de nuevo al Valle de Liébana.
Si tenéis tiempo, os recomiendo disfrutar del Mirador de Santa Catalina. Y, en el pueblo de la Hermida -justo al borde de la carretera a la altura del Balneario-, podéis disfrutar de las aguas termales naturales que nacen en la orilla del río Deva.

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