
Encuadernar es unir varios cuadernillos formados por hojas de iguales dimensiones con adhesivos, grapas o por cosido. Una cubierta de cartón, tela o piel, los protegerá y dará como resultado el libro. Además de en la restauración, las técnicas de encuadernación también se utilizan para recopilar apuntes u otras hojas sueltas.

Si no tenemos una prensa, podemos hacerla fácilmente. Para ello necesitaremos dos planchas de madera, una máquina taladradora, tornillos largos y palomillas. Haremos un agujero en cada esquina de las planchas, introducimos el tornillo que juntará ambas y lo ajustamos en la parte exterior de la madera con las palomillas. Trabajaremos sujetando el libro entre ambas superficies.

Para ello, en primer lugar, realizaremos varias marcas, una a un centímetro aproximadamente de la parte inferior; otra a una distancia un poco mayor en la superior; dos más a unos dos centímetros de las dos anteriores, hacia el interior; y una última en el centro. Para facilitar el trabajo, las hojas del lomo han de sobresalir un milímetro de la prensa. Serraremos estas marcas de forma que queden surcos muy finos, lo justo para que quepa el hilo, de una profundidad de uno o dos milímetros.
A la hora de ensamblar los cuadernillos, existen dos posibilidades. La más sencilla consiste en encolar el lomo e introducir pequeños trozos de hilo en las ranuras, con una longitud mayor que el tomo de hojas. Después se aplica otra capa de cola. Una vez que está bien seca, cortamos el hilo que sobra.

El segundo cuadernillo se une al primero realizando los mismos pasos, pero en sentido inverso, desde la parte superior hasta el pie del libro. El cabo sobrante se anuda al que dejamos al principio. Se van uniendo los restantes de la misma forma, haciendo cadenetas con los extremos de los hilos anteriores. Finalmente, presionar los hilos para que no sobresalgan y encolar el lomo.

Para preparar las tapas, cortaremos dos superficies de cartón, con la medida de los pliegos del libro (más unos milímetros en la parte exterior). Se corta otro trozo de cartón de la misma altura que el lomo y de una anchura un poco inferior a la de éste. Encolamos el lomo y pegamos papel de estraza para un mejor acabado.
El paso final será incorporar las tapas al libro. En primer lugar, extenderemos el papel de las tapas. Disponemos el cartón de la portada, el del lomo y el de la contraportada, de forma que coincidan con el grupo de hojas. Una vez ubicados perfectamente en el papel, se unen a éste encolándolo; el papel debe sobresalir un poco para doblarlo en la parte interna. Por último, las guardas que quedaban libres, se pegan a las tapas; prestaremos atención para que éstas tapen la doblez que habíamos realizado. Con este último toque, el encuadernado está completo.