No me gusta tirar ropa. Es algo que me enseñaron desde pequeña y que tengo grabado. Incluso no me gusta tirar ropa que ya no me sirve, que está estropeada o que nunca le cogí cariño. Cuando estaba en Primaria, hacían campañas de recogida de ropa para donar y mantenía el armario limpio. Pero esas campañas ya no hacen.
También he dejado de donar. Al enterarme hace unos cuántos años qué se hace con la ropa que se llevan a los contenedores, y más recientemente qué se hace en Cáritas de mi pueblo y la del al lado, paso. No me gusta.
Entonces, me encuentro con más de dos bolsas de las grandes llenas de ropa que ya no me voy a poner. Pero no sé qué hacer con ella. En un momento de lucidez momentánea tuve una idea: recíclala.

No soy de las que reciclan absolutamente todo y bajo cualquier pretexto: no me da pena tirar botellas de plástico de 2 litros, porque, de todas maneras, la mochila a propulsión que me iba a hacer con ellas me estorbaría mucho. Por ejemplo. Pero las cremalleras, los botones y los corchetes que estoy sacando me van a ser útiles tarde o temprano.
Sin embargo, tengo un par de jerseys viejos (que sorprendentemente, no están deshechos y llenos de bolitas) que van a ser calentitas faldas de lana para este invierno. El año pasado, con una chaqueta que me quedaba corta, me hice unos guantes calentitos. Y otro par de jerseys, que me quedaban pequeños, están siendo ovillos de lanas de nuevo.

De momento en eso estoy: separando la ropa que me vale la pena deshacer de la que puedo cortar, y de aquella de la que no hay nada que sacar. Voy poco a poco, en ratos libres que tengo, y no siempre tardo poco.
Y ahora, las preguntas de rigor. ¿Alguien ha reciclado unos vaqueros en una falda y luego se la puso? ¿Y Cds en posavasos? ¿Y botellas de plástico en... macetas, por ejemplo?
Curiosidad: 18 cosas en las que no deberían reciclarse vaqueros