En Estados Unidos, a mediados del SXIX, se popularizó la venta de tarjetas o postales de San Valentín. Su impulsora fue Esther A. Howland. Desde entonces son uno de los productos más solicitados el 14 de febrero, junto a las flores (rosas rojas) y los bombones.
En cualquier supermercado o centro comercial encontrarás una sección con tarjetas y felicitaciones para toda ocasión. Sin embargo, a muchos lo que realmente nos enamora son los detalles hechos a mano. ¿Qué mayor muestra de cariño que un regalo elaborado por nosotros mismos?

Como vimos en el post anterior, para hacer una tarjeta vistosa y original, no necesitas más que un pedazo de papel y rotuladores. Pero, si quieres incorporar elementos novedosos, ¿por qué no pruebas con la sal?
Para decorar estas tarjetas anota en la lista de materiales sal y pintura acrílica diluida en agua. Además, también tendrás que tener a mano cola blanca, un pincel y papel (preferentemente cartulina).
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