
Un exceso de éste aumenta el estrés sobre el sistema óseo y muscular de los cachorros de razas grandes y gigantes, el cual presenta ya una predisposición para la enfermedad ortopédica. El sistema músculo-esquelético está en constante cambio durante toda la vida, pero la tasa de cambio es mayor durante el crecimiento. El crecimiento del esqueleto es más rápido durante los primeros meses de vida, y luego va disminuyendo hasta llegar a la madurez (alrededor de los 12 meses de vida en la mayoría de razas). Las grandes y gigantes pueden tardar dos años hasta alcanzar su tamaño adulto.
Existen además, otros puntos importantes en la alimentación del cachorro: la cantidad de proteína administrada, los minerales (calcio, fósforo), los condroprotectores, los ácidos grasos esenciales...


Debemos repartir la cantidad de alimento que necesite en tres tomas durante los primeros 4-6 meses de edad, y luego pasar a dos tomas al día. No debemos dejar que el cachorro coma todo lo que desee, pues no sólo ingeriría más calorías de las que necesita -y por tanto aumentaría su peso y su tasa de crecimiento-, sino que también ingeriría más calcio del necesario, favoreciendo la aparición de problemas óseos y musculares.
Cualquier cachorro, pero en especial los de razas grandes y gigantes, debe mantenerse en un peso y forma física adecuados, valorando cada dos semanas su peso y su condición corporal. Si cualquiera de los dos aumenta, debemos controlar su alimentación y disminuirla adecuadamente. Es necesario recordar que, aunque cada alimento de cachorro ofrece unas pautas de alimentación, éstas son sólo orientativas, y hay que tener en cuenta la raza del cachorro, su hábitat, actividad, clima... para poder realizar las modificaciones adecuadas al mismo.


También es importante para todos los cachorros en crecimiento un adecuado equilibrio de minerales. Las dietas de crecimiento para razas grandes y gigantes deben contener unos niveles de calcio de entre 1,0% y 1,6% (materia seca). El calcio es necesario para una formación ósea sana e influye sobre la absorción de otros minerales, como el potasio, magnesio, cobre y zinc. Pero un exceso de calcio, junto con niveles de fósforo, tanto normales como elevados, puede tener un impacto negativo sobre el desarrollo óseo.
Aunque un perro necesita mayores niveles de vitaminas durante el crecimiento, no hay necesidad de suplementar si el pienso del cachorro es completo y equilibrado. La suplementación en el caso de los cachorros puede provocar toxicidad, especialmente de vitamina D.


Se suelen utilizar precursores de esta sustancia como la glucosamina (que favorece la formación de glucosaminoglicanos), junto con la condroitina, actuando ambos sinérgicamente sobre la formación y regeneración de los cartílagos y superficies articulares.
Pero principalmente, hay que controlar la ingesta calórica diaria para evitar un desarrollo rápido y desmesurado, y para evitar un cachorro obeso, que aumentaría el riesgo de aparición de patologías óseas y musculares (como displasia de cadera, valgus/varus...).