
Su lealtad y gentileza para con sus amos es enorme y, por eso nunca les dará la espalda ante cualquier problema. Para convencerse de su nobleza sólo es necesario observar su característica mirada profunda, inteligente y dulce.


A principios del siglo XX existían varios tipos de Boyeros en la región de Flandes. Diezmada la raza durante la I Guerra Mundial, no pudo reconstruirse hasta 1923, gracias a algunos ejemplares que lograron rescatar y a la gran labor de los criadores belgas.


Esta raza se caracteriza por un gran espíritu de iniciativa que le lleva a cumplir su misión sin necesidad de recibir órdenes, e incluso es capaz de ejercerla sin la presencia de su amo. Sabe perfectamente usar su masa y su fuerza para convencer, recuperar y llevar por el camino correcto a los animales que están bajo su guardia y custodia. Para ello los empuja hacia el grueso del rebaño, pero nunca los muerde.
Actualmente, como consecuencia de la evolución de la vida rural, y gracias a sus peculiares cualidades, se le conoce y aprecia en otras numerosas actividades. Por ejemplo, es un estupendo perro guardián ya que su impresionante estatura y sus sólidas mandíbulas le dan un aspecto feroz que asustaría a cualquier merodeador.


Además, es muy fácil de adiestrar porque goza de una gran inteligencia. También es muy común verle realizando la labor de un perro lazarillo o formando parte del cuerpo de policía en misiones de rastreo.
Durante la I Guerra Mundial sirvió no sólo como agente de enlace, llevando mensajes, sino que también ayudó a los servicios sanitarios del ejército en la búsqueda de heridos. Su esfuerzo, destreza y valor fueron tales que a punto estuvieron de exterminarse, ya que operaban en el corazón de los campos de batalla. Sólo 20 años después, en la II Guerra Mundial, su destino no fue muy diferente.


El Boyero de Flandes es muy deportivo y jovial, y adora el agua. Es una raza a la que le encanta la vida familiar y es gran devoto de su amo. Le encantan los niños a los que no tiene ningún problema en cuidar y con los que le encanta jugar.
La otectomía debe hacerse preferentemente antes de los tres meses y puede efectuarse a partir de la séptima semana. Tras el corte, la oreja no necesita cuidados ni curas especiales y el resultado serán unas orejas de forma triangular y muy rectas.


Imágenes: @Jotapegebe, de Flickr.com; Wikipedia.org