
La introducción en el hogar de este animal de carácter independiente pero de gran nobleza se ha visto generalizada en los últimos años. Aún así, todavía es criado en Asia por su carne, considerada todo un placer culinario.


Siempre ha resultado ser de gran utilidad para el hombre a lo largo de la historia. Fue animal de compañía para grandes emperadores, además de cazador y perro de trineo. Su empleo ha abarcado desde actividades militares hasta medida de protección en templos bajo la convicción de que era temido por los espíritus malignos.
Igualmente, fue y continúa siendo criado por su piel y su carne, siendo ésta última una delicia para el paladar en algunas zonas asiáticas.


Su llegada a Occidente no se produce hasta mucho tiempo después. Si en Inglaterra no aparece hasta 1760, a Estados Unidos no llega hasta el siglo XIX. La cría de esta raza se vio favorecida gracias a la fundación del Club del Chow Chow en 1895.
El Chow Chow tiene una mandíbula provista de dientes fuertes. Único en el mundo canino, el color negro-azulado de su paladar, lengua, encías y labios sólo aparece en los oseznos. Resulta singular que, siendo sus extremidades grandes y musculosas, los pies sean pequeños, similares a los del gato. Este perro presenta toda una gama de colores uniformes que van desde el rojo hasta el crema o el blanco.


Si eres dueño de un Chow Chow posees un animal de poca alzada, si bien su tamaño es bastante variable. Una de las principales ventajas, de cara al día a día, es que este can apenas despide olor debido a la abundancia de su pelaje; eso sí, requerirá un buen cepillado. Siente debilidad por el arroz como consecuencia de sus orígenes asiáticos, aunque su dieta debe ser rica en carne, verduras cocidas y grano.
Pese a un carácter que le hace ser un animal algo distante e indiferente, su temperamento no es más que una fachada. En casa tendrás un amigo honrado y atento con tu familia, siempre paciente y muy digno. Quien necesite a un protector en su hogar, en el Chow Chow encontrará a un gran guardián.


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