¿Primero las orugas y ahora las espigas? Sí, ya estamos de lleno en la temporada de espigas, ese periodo en el que esos pequeños y traicioneros fragmentos de plantas secas pueden convertirse en una pesadilla para ti y tu perrete. La temporada de espigas varía según la geografía, pero generalmente se extiende desde la primavera hasta el final del verano, cuando las temperaturas son más cálidas y el clima es seco. Si además combinamos con que ha habido lluvias más o menos abundantes al inicio de la primavera o final del invierno, aún proliferará mucho más.
Este artículo está pensado para ayudarte a entender y combatir los riesgos asociados con las espigas de una manera amena pero efectiva. ¡Acompáñame!
Imagina pequeñas flechas diseñadas por la naturaleza que se clavan en el pelaje de tu perro/a cada vez que salen a explorar. Sí, así de irritantes pueden ser las espigas durante los meses cálidos y secos. Estas se desprenden fácilmente de las plantas y se adhieren a cualquier cosa que rocen, incluyendo a tu compi de 4 patas cuando está disfrutando del aire libre. Lo malo viene después, cuando empiezan a migrar hacia áreas más sensibles como oídos, narices y ojos, o peor aún, perforan la piel y viajan a lugares donde pueden causar serios problemas de salud.
Estos son algunos de los indicadores de alerta que debes vigilar:

Aquí te dejo algunos consejos clave para que esta temporada de espigas la llevéis, tu perrete y tú, de la mejor forma posible:
Si durante una revisión detectas una espiga clavada en un lugar accesible de tu perro, puedes intentar retirarla con pinzas. Es fundamental que actúes con delicadeza y precisión para evitar empujar la espiga más hacia adentro. Asegúrate de tener buena iluminación y, si es posible, que alguien te ayude a calmar a tu perro y mantenerlo quieto durante el proceso.
Al usar las pinzas, toma la espiga lo más cerca posible de la entrada en la piel y tira de ella en línea recta para evitar que se rompa. Si la espiga se rompe y una parte queda dentro de la piel, no intentes extraer el fragmento restante, ya que esto podría empeorar la situación.
Pero la espiga puede estar en un lugar complicado o demasiado profundo como para verla claramente, o en áreas sensibles (oídos, ojos, dedos..). En estos casos, el intento de extraerla por tu cuenta podría causar más dolor y daño a tu perro. La mejor decisión es llevar a tu compi al veterinario inmediatamente. Las/os profesionales tienen las herramientas y la experiencia necesarias para manejar estas delicadas situaciones sin causar mayores complicaciones.
Lamentablemente, una espiga no va a desaparecer por sí sola y rara vez saldrá al exterior sin intervención. Cuando parece que una espiga se está moviendo hacia fuera por sí misma, suele ser porque está migrando a través de los tejidos, buscando una salida. Este proceso puede causar la ruptura de la piel desde dentro hacia fuera, lo que no solo es muy doloroso, sino que también aumenta el riesgo de infección. Una espiga que migra puede abrir caminos a través de los tejidos que son perfectos para que las bacterias entren y provoquen una infección.
Es esencial no subestimar la gravedad de una espiga clavada. Incluso si el área afectada parece pequeña, las complicaciones pueden ser significativas y pueden llevar a problemas de salud más graves. Por eso, actúa a tiempo y busca atención veterinaria para asegurar la salud y el bienestar caninos durante esta temporada.
Aunque la temporada de espigas es parte del ciclo natural, no tiene por qué convertirse en un problema si estás bien preparada. Estar informada sobre los peligros, reconocer los signos de alerta y seguir medidas preventivas efectivas son tus mejores herramientas. ¡No dejes que las espigas arruinen los momentos divertidos al aire libre!
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