En demasiadas ocasiones, nos enfadamos a la primera con nuestro perro porque pensamos
que no hace caso, se muestra desobediente y no atiende a aquello que le
pedimos. Le tildamos de cabezota y testarudo pero, es posible que no toda la
culpa sea suya.
En esos casos debemos pararnos un momento y pensar que quizá
nuestro perro no entiende lo que le estamos diciendo o que lo estamos
comunicando mal. Tenemos la costumbre de hablar y hablar, cometiendo el error
de creer que comprende todo lo que les decimos.
Muchas veces, llamamos a nuestro perro en la distancia, para
que vuelva a nuestro lado sin indicarle claramente qué esperamos de él. Solemos
repetir su nombre y el perro, incluso nos mira esperando algo más… La respuesta
lógica de todo perro al oír su nombre será girarse para averiguar qué queremos de él. La pena es que muchas
veces se nos olvida decírselo y los perros, al igual que nos ocurre a nosotros,
no saben leer nuestras mentes. No vale decir “Luna”, “Luna” diez veces si
realmente no le estamos informando de lo que queremos, que en realidad es “Luna
ven”.
Llámalo una vez y espera. Nos solemos impacientar en cuanto
no acude inmediatamente. Cuenta hasta 10 antes de volver a llamarlo. En estos
casos, es bueno acompañarse de una voz alegre y del lenguaje gestual pues los
perros son mucho más visuales que nosotros. No pasa nada por agacharnos o
movernos, animando al perro, cuando estamos empezando, para hacer aún más
atractiva la actividad.
Otro error común es utilizar diferentes palabras para un
mismo fin: Ven, vamos, aquí, que te he dicho que vengas…. Con lo que terminamos
confundiendo cada vez más a nuestro perro al tiempo que nosotros nos vamos
enfadando progresivamente ante su desobediencia. El resultado suele ser que el
perro aún tarda más en venir porque nota que estamos alterados y cuando lo
hace, lo suele hacer mostrando señales de calma para intentar tranquilizarnos
(se lame, viene agachado y despacito, gira la cabeza….) señales que nosotros confundimos
con arrepentimiento por parte del perro por haberse portado mal. La comunicación ente perro y propietario es
vital y debemos cuidarla. Muchas veces se rompe por culpa nuestra por no haber
puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes.
Durante el paseo, llámalo varias veces (sin abusar) y
prémialo cada vez que acuda. Cógele del collar de vez en cuando y vuelve a
liberarlo inmediatamente para que siga jugando. Si solo lo llamamos cuando nos
volvemos a casa, enseguida aprenderá que nuestra llamada significa fin de la
diversión y cada vez remoloneará más ante nuestras demandas. Si cada vez que
regresa a nuestro lado, dejamos que pase de largo sin que exista contacto
físico, será difícil agarrarlo en caso necesario pues habrá aprendido a zafarse
y lo considerará un juego más.
Dunia es una perrita especial. Tiene un algo que enternece
pero aún le cuesta soltarse. Tímida y miedosa con las personas, va mejorando
poco a poco con la ayuda y trabajo de su madrina y estamos seguros que con
tiempo y paciencia logrará superar todas las dificultades dejando ver el
podenco que lleva dentro. Es una perra muy sociable con otros perros, así que
para su adopción sería genial una casa con otro perro/a, con ellos se muestra
tal y como es. Alegre y Divertida!
Si quieres acoger o adoptar a Dunia escribe a dan.asociacion@gmail.com
