El aspecto emocional de la relación con tu perro tiene un
gran valor y es, sin lugar a dudas un gran motivador. Por ese motivo, para
lograr un perro equilibrado y estrechamente vinculado a nosotros como guías que
somos, podemos usar la motivación social como refuerzo y premio a la vez.
Cuando trabajamos con nuestro perro, estamos demasiado
acostumbrados a usar comida como premio o reforzador primario recompensando
aquellas conductas que buscamos fijar. Sin embargo, si no hay nada más entre tú
y tu perro, cuando desaparece el reforzador, es decir, la comida, eso que tanto
trabajo nos ha costado tiende a diluirse hasta desaparecer también. El uso de
comida puede estar bien para iniciar al animal en diversos ejercicios o para
enseñarle nuevas habilidades pero, no sirve para todo. Debemos ser exigentes
con nosotros mismos como guías y referentes de nuestro perro, e intentar ir más
allá.
En este sentido, cuando se trabaja por el hecho de compartir
tiempo de calidad, juntos, buscando divertirse, puedes llegar a convertirte en
su principal recompensa, estarás fortaleciendo su capacidad social y llevarás
el vínculo con tu perro a otro nivel.
Incluir este tipo de refuerzo fomenta la relación y, sobre
todo, que las conductas que buscamos en nuestro perro sean consistentes en el
tiempo ya que, el carácter social de este tipo de refuerzo resulta, a la larga,
más motivador que cualquier otro.
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Lila, a protagonista de hoy, es una preciosa braca de solo 4
años. Es buena, cariñosa y sociable hasta con gatos.
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