
Los perros no se llevan bien con los gatos, persiguen a los zorros, son amigos de los caballos, se comen a los pájaros y algunas razas trabajan pastoreando con ovejas y a otras razas las matan. Son gregarios, les gusta vivir en grupo y conviven con el hombre desde hace miles de años, con sus costes y sus beneficios. En gran medida dependen del material genético heredado de los padres y sobre todo, del aprendizaje y el imprinting (la impronta) en la fase de socialización.
Y... ¿qué es la impronta? Por impronta o troquelado (imprinting) se entiende el proceso o procesos por los cuales un miembro de una especie dada adquiere preferencia por interactuar social o sexualmente con determinado tipo de individuos como consecuencia de la experiencia. Los primeros pasos de los perros durante sus encuentros con otros animales, bien sean éstos de la misma especie o distinta, siguen unos esquemas de comportamiento, relativamente estables.

El encuentro de dos machos que se desconocen es como un ritual: se acercan el uno al otro con pasos airosos y con la cabeza y la cola erguidas. Los perros más inseguros se empequeñecen agazapándose y echando levemente las orejas hacia atrás, mantienen la cola apretada entre las patas y no dejan que otro perro les huela por detrás, en cambio un perro dominante (Alfa) se agranda erizando el pelo de la nuca y el espinazo, se pone rígido y tenso y clava en su antagonista la mirada. La mirada fija suele ser señal de amenaza, si el dueño de un perro mira fijamente a su perro, por regla general el animal desviará la mirada y se mostrará sumiso.


En realidad, los etólogos hablan de comunicación cuando la conducta de un individuo cambia la probabilidad de aparición de una determinada conducta en el receptor. Muchas veces este mal entendimiento entre el dueño de un perro y su perro, es motivo de la 'humanización' que hacemos de nuestro perro y siempre tenemos que tener muy presente que todos los perros descienden del lobo, no son niños.

El perro no encuentra ninguna dificultad en vivir también con otros animales. Lo importante es que el cachorro haya tenido ocasión de socializarse y de desarrollar la capacidad de comunicarse y fraternizar también con otros individuos. Unos cachorros que durante el período de socialización viven junto con ovejas o con vacas, desarrollan la capacidad de comunicarse y fraternizar con estos animales una vez son adultos sin ningún problema.
De este modo, es como precisamente los pastores, además de disponer de razas genéticamente predispuestas y adaptadas para este fin, han tenido y continúan teniendo, la costumbre de hacer convivir a sus perros con sus rebaños y sus manadas. Con una buena socialización es posible ver a perros y gatos juntos, quizás no jugando, pero sí compartiendo hogar.