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Mascotas

Intoxicaciones en gatos: causas y prevención

Los gatos son menos propensos a intoxicarse que otros animales, pero cada vez hay más casos.

Intoxicaciones en gatos: qué debes saber

Las intoxicaciones accidentales en gatos son menos frecuentes que en otras mascotas gracias a su naturaleza desconfiada y selectiva con la comida. Los felinos huelen con desconfianza cualquier alimento nuevo y comen poco a poco, en pequeñas cantidades según el hambre que tienen. Sin embargo, cada vez se diagnostican más intoxicaciones en estos animales de compañía, especialmente porque muchos gatos salen de casa y pueden acceder a sustancias tóxicas sin que sus dueños lo sepan.

La mayoría de gatos con acceso al exterior pueden entrar en contacto con venenos, productos químicos o medicinas que no podemos controlar. Además, los gatos tienen una gran resistencia que hace que a menudo no muestren síntomas evidentes de enfermedad, lo que dificulta el diagnóstico veterinario basado únicamente en la sintomatología que presentan.

Síntomas principales de intoxicación en gatos

Los síntomas de intoxicación en felinos varían según la sustancia ingerida y la cantidad consumida. Algunos pueden aparecer de forma inmediata, mientras que otros tardan días en manifestarse.

Los síntomas más comunes son de dos tipos:

  • Síntomas digestivos: anorexia, náuseas, vómitos, hipersalivación y diarreas. Aunque estos signos indican intoxicación aguda, la sintomatología digestiva por venenos es relativamente poco frecuente.
  • Síntomas neurológicos: convulsiones, coma, modificación del comportamiento, temblores, agresividad, hiperexcitación, parálisis y pérdida de equilibrio.

También pueden presentarse síntomas generales como hipotermia o hipertermia, falta de apetito, o síntomas cardiovasculares como arritmias. Por ejemplo, si tu gato ingiere anticoagulantes como raticidas, pueden pasar varios días hasta que aparezcan los primeros síntomas, lo que dificulta recordar dónde estuvo o qué pudo haber comido.

Intoxicaciones más comunes en felinos

Una de las intoxicaciones más frecuentes es por insecticidas. Los gatos son muy sensibles a estos productos, especialmente collares antipulgas, sprays o pulverizadores no aprobados para esta especie, que pueden causar incluso la muerte.

Los gatos también se envenenan por su tendencia natural a la limpieza. Cuando accidentalmente se ensucian el pelaje con sustancias tóxicas, pueden intoxicarse durante su higiene cotidiana al lamerse. Ciertos medicamentos aplicados sobre la piel, como preparaciones dermatológicas y soluciones antiparasitarias, se vuelven peligrosos cuando el gato se lame.

Las plantas de interior representan otro riesgo importante. Los gatos que viven en casa con plantas suelen comerlas, especialmente si llevan una vida sedentaria, y muchas plantas de interior son más tóxicas que las de exterior.

Venenos letales para gatos

Arsénico: se encuentra en herbicidas, insecticidas, preservantes de maderas y tratamientos para parásitos. Produce vómitos y diarreas con sangre, depresión, dolor abdominal, hipotermia y muerte.

Estricnina: presente en algunos raticidas antiguos, aunque está prohibida actualmente. Causa convulsiones violentas, rigidez, hipertermia, parada respiratoria y muerte.

Metaldehído: usado en venenos para caracoles y babosas. Afecta al sistema nervioso y posteriormente al hígado, produciendo alteraciones del comportamiento, convulsiones, hipertermia, salivación, vómitos y diarreas. Puede causar la muerte por insuficiencia respiratoria en las primeras horas o por enfermedad hepática pasados unos días.

Anticoagulantes: comunes en raticidas, producen hemorragias internas a todos los niveles. Generan hematomas, palidez de mucosas en ojos y encías, depresión, orina y heces oscuras, dificultad respiratoria por hemorragia pulmonar, y muerte si no se aplica el antídoto a tiempo.

Otros tóxicos peligrosos

Monóxido de carbono: el gato queda expuesto a través de tubos de escape o calentadores defectuosos. Produce somnolencia, debilidad, dificultad respiratoria, color rojo de las mucosas, incoordinación de movimientos y muerte aguda. Si la dosis no es letal, causa intoxicación crónica con intolerancia al ejercicio y reflejos disminuidos.

Etilenglicol: presente en anticongelantes para vehículos, daña seriamente la función renal. Produce depresión, vómitos, temblores y síntomas neurológicos, poliuria inicial seguida de retención de orina, hipotermia, coma y muerte.

Plomo: se encuentra en pinturas, arena, baterías, cemento y objetos como anzuelos, perdigones, pelotas de golf, comederos o bebederos. Primero afecta al aparato digestivo causando vómitos, diarreas, anorexia y dolor abdominal. Después afecta al sistema nervioso produciendo somnolencia, ceguera, convulsiones y muerte si no se trata.

Productos insecticidas tóxicos

Organofosforados y carbamatos: frecuentes en insecticidas domésticos, agrícolas y productos para control de pulgas y garrapatas. Producen salivación, vómitos, diarreas, depresión, temblores, convulsiones, hipertermia, dificultad respiratoria y muerte.

Pipetrinas y piretroides: presentes en insecticidas y productos antiparasitarios. Causan hipersalivación, espasmos en extremidades y orejas, temblores, depresión, vómitos y diarreas. En casos de sobredosis extrema pueden producir convulsiones y muerte aguda.

Medicinas humanas: un peligro mortal para gatos

Los gatos no pueden metabolizar adecuadamente muchos medicamentos y vitaminas humanas. La mayoría de medicinas se eliminan a través del hígado después de ser metabolizadas, pero los felinos carecen de ciertas enzimas hepáticas que los humanos tenemos, lo que hace que estos fármacos se acumulen en su cuerpo y causen intoxicación.

Paracetamol: antiinflamatorio y antipirético muy usado en medicina humana. Daña gravemente el hígado del gato y produce depresión, respiración rápida, encías de color oscuro, salivación, orina achocolatada y puede causar la muerte.

Ácido acetilsalicílico (Aspirina): uno de los analgésicos más empleados en humanos, pero representa un arma mortal para los gatos. Produce vómitos con sangre, depresión, hipertermia, respiración rápida e incluso la muerte.

Vitamina A: presente en complejos vitamínicos y en el hígado crudo. El exceso en la dieta, por suplementos o alimentación, produce somnolencia, anorexia, postura anormal sosteniendo peso en extremidades, rigidez de cuello y articulaciones, estreñimiento y pérdida de peso.

Vitamina D: se encuentra en complejos vitamínicos y algunos raticidas. Su exceso causa vómitos, diarreas, depresión, anorexia, sed desmesurada y micción muy frecuente y abundante debido a lesiones renales y hemorragias del aparato digestivo y respiratorio.

Cómo prevenir intoxicaciones en tu gato

La prevención es la mejor solución. Debes mantener a tu gato alejado de todos los productos potencialmente tóxicos como insecticidas, venenos, pinturas y productos de limpieza. Si necesitas usar estos productos en casa, adopta medidas de precaución y evita que tu gato camine sobre suelos mojados con productos químicos o áreas recién pintadas.

Nunca mediques a tu gato sin consultar al veterinario, ni utilices productos antiparasitarios que no sean específicos para esta especie. Consulta siempre con el especialista antes de usar cualquier insecticida o medicamento. Mantén a mano el teléfono de urgencias de tu veterinario para actuar con rapidez ante una posible intoxicación.

Actuación rápida ante una intoxicación

Si tu gato ingiere o entra en contacto con una sustancia tóxica, sigue estos pasos:

  • Limpia rápidamente las zonas de contacto (boca, lengua, pelo y patas) con agua en abundancia. Si el tóxico es en polvo, aspira o cepilla el pelo con cuidado de que ni el gato ni tú lo inhaléis.
  • Ten en cuenta que los disolventes de pintura pueden ser tan tóxicos como la propia pintura. Impide que se lama envolviéndolo en una toalla.
  • Nunca provoques el vómito sin consultar al veterinario, porque si el tóxico es corrosivo causará una segunda quemadura en el tubo digestivo.
  • Puedes tener cápsulas de carbón activo en casa. Dárselas ante la ingestión de cualquier tóxico retrasará o impedirá su absorción por la mucosa gastrointestinal.
  • Si es una intoxicación por inhalación (humo, monóxido de carbono), mantén la boca del gato abierta ante aire fresco y llévalo al veterinario para oxigenoterapia lo antes posible.

Lleva siempre que sea posible toda la información sobre el tóxico a la consulta veterinaria. Esto ayudará al veterinario a identificar la sustancia y establecer el tratamiento más adecuado.

Diagnóstico y tratamiento veterinario

Llegar al diagnóstico exacto es fundamental para tratar correctamente al gato intoxicado. Es más fácil cuando se ha podido comprobar el contacto directo del animal con el tóxico. Sin embargo, incluso en estos casos hay que ser muy prudente, porque el animal puede contactar con veneno sin llegar a intoxicarse.

Una vez identificado el tóxico, el tratamiento es relativamente sencillo de establecer con máximas garantías de éxito. El veterinario podrá aplicar la terapéutica específica más efectiva según la sustancia ingerida o absorbida por tu gato.