
Los gatos son definidos como animales territoriales e independientes, a pesar de llevar siglos viviendo y haciendo compañía al hombre. Aunque muchas veces necesiten un espacio propio y no suelan ser partidarios de las grandes muestras de cariño, pasar muchas horas solos o los cambios importantes de rutina pueden alterar su carácter enormemente.
Dentro de las alteraciones en el comportamiento podemos hablar de distintas conductas como las agresiones a otros animales sin motivo aparente, la hiperactividad o el mal uso de la bandeja sanitaria. Esta forma de proceder puede deberse a causas orgánicas, como el dolor, o a cuestiones psicológicas, en cuyo caso necesitaremos de la ayuda de un etólogo.


Si la reacción fuera desproporcionada, hablaríamos de fobia que se manifiesta cuando la reacción ante determinados estímulos es exagerada. Lo peor de ésta es que es mucho más difícil de erradicar que las reacciones por miedo. Las fobias más comunes se relacionan con las tormentas, los ruidos fuertes, ambientes extraños, objetos nuevos y personas desconocidas.
Por último, la ansiedad es un estado caracterizado por el aumento de la probabilidad de desencadenar reacciones emocionales iguales que las que causan el miedo, es decir, el animal está muy sensible y cualquier estímulo puede producir respuestas exageradas. Por ello, la ansiedad se considera una enfermedad de adaptación que aparece en la mayoría de los problemas de comportamiento felino.


En el caso de los miedos y las fobias es más fácil anticiparnos a la reacción, porque están producidas por factores externos identificables. El problema es que la ansiedad es el resultado de la evolución de estos miedos y no suele responder a un estímulo exterior fijo.
El primero de ellos define un comportamiento normal que se manifiesta fuera de contexto y habitualmente de forma exagerada, cuando el felino se haya en un estado de sobre excitación. Por ejemplo, podríamos señalar el lamido cuando llega a producir alopecia extensiva felina.


Si el estado ansioso no es tratado, las acciones anteriores pueden llevarnos a conductas estereotipadas, es decir, que se repiten en el tiempo sin ninguna función aparente. Por último, el comportamiento redirigido es normalmente la agresión contra otros animales o contra el propio dueño.


El tratamiento más común es la combinación de dos terapias: la farmacológica y la comportamental. La primera suele ser la más rápida y la segunda nos asegura que los resultados obtenidos perdurarán en el tiempo. En definitiva, a la hora de controlar la salud mental de nuestras mascotas es fundamental acudir a un etólogo ante los primeros síntomas y no dejar que los miedos iniciales evolucionen hasta cuadros de ansiedad.