Una situación relativamente frecuente por parte de propietarios
de perros reactivos, consiste en anticipar la respuesta en previsión de mayores
problemas.
Si tienes un perro que se pone nervioso ante otros perros en
la calle o en el parque, es preciso que además de supervisar al animal, revises
tu propio lenguaje corporal ante cada situación.
No es raro que al prever una situación potencialmente
desagradable, "anticipemos" nuestra respuesta corporal recortando la
correa a nuestro perro y añadiendo tensión a algo de que por sí, no le gusta.
En muchos de esos casos, nuestro perro, se "preparará para lo peor"
haciendo gala de tirones de correa y casi seguro, algún que otro gruñido.
Si por el contrario, una vez localizado el potencial
detonador de tu perro, mantienes los brazos (y la correa) relajados, amplias la
distancia que os separa de él, y sigues caminando sin prestarle demasiada
atención (sin mirar fijamente al otro perro pero supervisando las reacciones
del tuyo propio), casi seguro que tu perro reaccionará de una manera mucho más
adecuada, te mirará como esperando respuesta y, si encuentra tu mirada a modo
de apoyo, aprenderá que puede contar contigo en las situaciones difíciles.
Seguramente, al dejar atrás al otro perro, tu propio perro
se sacuda para liberar la tensión del momento lo que significa que ha sabido
gestionar la crisis y se está relajando.
Nuestro lenguaje corporal, aunque sutil, puede ayudar a
nuestro perro a cambiar la perspectiva de lo que tiene enfrente si encuentra en
nosotros un apoyo y referente.
Brazos y correa relajada no quiere decir faltos de
seguridad. La correa ha de estar firmemente sujeta pero no por ello ha de
trasladarse tensión al resto del cuerpo. Eso requiere de cierto entrenamiento
por parte del guía y es recomendable practicar con nuestro perro en entornos
seguros para ganar confianza y poder ayudarlo en caso necesario.
Imagen: http://goo.gl/MRGlsP
