
La gente suele pensar que los canes mestizos son razas degeneradas, menos perros que los de pura raza, pero no es así. Cuando observamos a uno de estos híbridos, o perros vagabundos, intentamos identificar las razas que componen su genealogía. Aunque un cánido no parezca de pura raza, no quiere decir que sea un producto de un cruce de varias, ya que un ejemplar, aun siendo vagabundo, no necesariamente ha de ser mestizo. Además, son muy aptos para el adiestramiento en distintos niveles.


No todos los perros que han tenido dueño son válidos para buscarse la vida en solitario. A parte de buscar comida, tendrá que sobrevivir a peleas, al peligro de ser atropellado por un coche... Toda una aventura diaria, y sólo los más capaces lo conseguirán: el resto se quedarán en el camino.


Se trata de perros recelosos, por lo tanto el miedo es un factor a tener en cuenta: ese temor es el que les hará mordernos al intentar llegar a ellos. Otra razón por la que el can vagabundo puede ser agresivo es por la calidad de la comida. Se asumirán mayores riesgos para conseguir alimento de mayor calidad y se luchará por el mismo. En nuestras ciudades, la basura está repleta de manjares para ellos. Es aconsejable mantenerse lejos de un perro que rebusca en un contenedor: puede pensar que le queremos quitar su menú y atacar.


Los gestos de acogida contribuyen a que las ciudades dejen de estar plagadas de perros abandonados, agrupados como zapatos viejos que un día nos gustaron mucho, pero que después de usarlos han dejado de servirnos. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: aunque a muchos les parezca mentira, un perro callejero tiene sentimientos y sus posibles conductas anómalas son la consecuencia de la falta de responsabilidad del hombre, una lacra que resulta dañina no sólo para el perro, sino para todas las personas a las que les gustan los animales.