
Esta es la historia de Francisco y Estrella, dos seres que se encontraron en la oscuridad y cambiaron sus vidas para siempre. Él, un anciano de 75 años diagnosticado con Alzheimer. Ella, una perrita vagabunda con un instinto protector excepcional que le permitió actuar como su ángel guardián en la noche más difícil.

La noche del 31 de agosto en Burriana, Castellón, Francisco abandonó su hogar sin que su familia se diera cuenta. El Alzheimer, la enfermedad neurodegenerativa que padecía, le impidió encontrar el camino de vuelta incluso si lo hubiera intentado.
Desorientado y sin rumbo, el anciano caminó hasta una zona de naranjos donde quedó atrapado en un socavón de fango. Sin fuerzas suficientes para salir por sí solo, Francisco se encontraba en una situación crítica.
Fue entonces cuando apareció Estrella, una pequeña perrita Pitbull de apenas cuatro meses que vagaba entre los naranjos. Sin saber de dónde provenía ni si era abandonada, lo que está claro es que fue la salvación del anciano aquella madrugada.
La pequeña perrita detectó que Francisco necesitaba ayuda y se tumbó junto a él para compartir calor corporal durante las 15 horas que tardó la Policía Local en localizarlos. Su instinto protector fue más fuerte que su condición de animal callejero.

La familia de Francisco inició un rastreo exhaustivo por Burriana, pero buscaron en la dirección opuesta a donde estaba realmente. La búsqueda masiva movilizó recursos importantes:
Lo que nadie imaginaba es que Francisco había salido del pueblo caminando por su propio pie, perdido en la confusión que causa el Alzheimer.
Francisco fue encontrado con hipotermia y rasguños, pero no estaba solo. Estrella no lo abandonó ni cuando lo llevaron en la ambulancia. Incluso intentó seguirlo hasta el vehículo de emergencias.
La hija de Francisco, María Gracia, decidió hacerse cargo de la perrita. Así fue como Estrella pasó de ser una cachorra vagabunda a formar parte de una familia que le debe prácticamente todo.
Días después, cuando ambos fueron dados de alta (Francisco del hospital y Estrella del veterinario), se reencontraron de una manera que emocionó a todos los presentes. Estrella corrió hacia Francisco como si lo conociera desde siempre, y lo primero que hizo fue lamerle las heridas que aún tenía en las rodillas.
Hoy Francisco y Estrella viven juntos bajo el mismo techo, donde la pequeña Pitbull ejerce de compañera leal y protectora. Para María Gracia, su padre encontró su "buena estrella en esa noche oscura", un nombre que describe perfectamente lo que esta perrita significó para su familia.