
Puedes comenzar por ser positiva en el embarazo. Es uno de los aspectos más importantes. Ya que, el mismo no sólo trae consigo un sinfín de cambios a nivel emocional. El imparable trabajo hormonal que está realizando el organismo de una mujer durante la gestación trae consigo una serie de transformaciones físicas que se tornan más que evidentes a medida que ésta avanza.
Entre las más notables, el aumento de peso, el ensanchamiento de vientre y caderas, el oscurecimiento de los pezones o el crecimiento de los senos hasta dos tallas más.
¿Te sientes identificada con estos síntomas? Lógico. ¡Estás embarazada!
La naturaleza dota a la mujer de unas condiciones físicas idóneas para que cuando llegue este momento, el cuerpo se adapte perfectamente a las necesidades del bebé, cuando éste aún permanece en el vientre materno. Expresiones como ‘tienes que comer por dos’ ni son del todo falsas ni son verdades categóricas. Todo en su justa medida. En el término medio, decían los griegos, está la perfección.
A partir del 5º mes es muy común que esos movimientos graciosos que realiza tu bebé dentro de ti, dejen de parecerte tan tiernos para preocuparte un poco más. Llega el momento de las famosas patadas. A partir de esta etapa, serán frecuentes los movimientos bruscos e inesperados en el vientre.

Si tu líquido no es blanco sino que varía de un amarillo a un tono verdoso o va acompañado por pequeños grumos, seguramente se trate de una infección. Acude a tu médico para que te revise y palie los síntomas.

La razón del aumento de hasta dos tallas más de la habitual es la retención de líquidos, la preparación a la lactancia, y el cambio hormonal, por supuesto. Todo ello hace que a veces puedan molestarte, por lo que se recomiendan tejidos suaves en los sujetadores, sin artificios ni aros, y que dejen el pecho ‘a su aire’ el mayor tiempo posible.

La mujer pierde su natural punto de equilibrio por el empuje que realiza su bebé dentro del vientre. Esto le hace balancearse inconscientemente. Los expertos aseguran que coger kilos es la única manera de compensar este desequilibrio y que la mujer se acostumbre a su nuevo epicentro.
Esto, entre otras repercusiones, impide que la digestión sea normal y se haga en el tiempo en el que acostumbrabas a hacerla. Por ello se recomienda comer poco y en muchas veces repartidas a lo largo del día. Hay que tener paciencia y saber compaginar este consejo con los típicos antojos del embarazo.


La presión que ejerce el feto sobre el útero será enorme y gradual hasta el punto de tener que ir al baño cada corto periodo de tiempo. Por ello es urgente que siempre cuentes con un baño cerca, pues nunca sabes cuando tienes que ‘evacuar’.
Aunque pueda parecer así a juzgar por estos cambios físicos, el embarazo no es tan sólo un cúmulo de ‘síntomas y dolores’ continuos. Es cierto que el cuerpo se transforma y que eres mucho más sensible y vulnerable al dolor, pero también has de ver el lado positivo, que compensa con creces a estos pequeños cambios, la inminente llegada del bebé.