CÓMO DECIRLE A MI HIJ@ QUE HA MUERTO UN SER QUERIDO
Los dos fallecimientos de la semana pasada me han hecho reflexionar, ¿cómo contarle a un niñ@ que ha fallecido un ser querido? No hay fórmulas magistrales, cada niño es un mundo pero hay que conocer qué significa la muerte para ellos según la edad que tienen para saber cómo contárselo:
Entre los 2 y 5 años entienden la muerte como algo temporal y reversible. Para ellos, la muerte es sinónimo de ausencia y como tal, ese ser querido puede volver.
A partir de los 5 años empiezan a darse cuenta que todos los seres vivos mueren y que es algo definitivo, cuando alguien fallece no vuelve, pero no lo perciben como algo que les pueda afectar a ellos sino que por alguna gracia, se van a escapar. Además le ponen cara (un esqueleto, ángel de la muerte,...) por lo que la personifican, lo cual puede causarles pesadillas.
A partir de los 9 (aunque yo diría que sobre los 8) ya la entienden como lo que es, algo irreversible que les sucede a todos los seres vivos y que ellos también morirán algún día, aunque su vivenvia del presente les impide imaginarse que algún día les llegará. Son los demás quienes fallecen, a mí me queda mucho.
Estas etapas son orientativas, como siempre en el desarrollo de l@s niñ@s. Pueden darse antes, pueden darse después. Habrá niñ@s que lo exterioricen verbalmente, otros mediante juegos. Un@s lo afrontaran de forma más natural, otr@s le tendrán miedo.
Sea como sea que nuestr@s niñ@s afronten la muerte, nosotr@s tenemos que ayudarles y acompañarles en su evolución y para ello hay que conocer una serie de errores que debemos evitar:
Está en el cielo: esta es una frase muy extendida, creo que casi tod@s la decimos o la hemos oído en alguna ocasión. Sin embargo no debemos decirla ya que hasta los 8-9 años la entenderan literalmente lo cual puede generar una serie de preguntas incómodas y sin respuesta como por ejemplo cómo ha llegado hasta allí, qué come, si ve la tele,... Además puede querer alcanzar el cielo para ver a ese ser querido pudiendo ocasionar accidentes. Se han dado casos de niños que se han caído de una escalera alta o por una ventana intentando llegar al cielo.
Está en un lugar mejor: al igual que con la frase anterior, esta también la entienden literalmente, se imaginarán ese lugar y querrán ir allí.
Decir que está de viaje: si la comparamos con un viaje, el niñ@ entenderá que va a volver y querrá saber cuándo, si estará en casa para su cumpleaños, para vacaciones, etc.
Decir que se ha dormido y no se va a despertar: esta frase no tiene ninguna maldad, al fin y al cuando alguien fallece parece que está dormido pero podemos generar en el niñ@ miedo a dormir. Como he dicho, entienden las frases literalmente, por lo que el niñ@ puede no querer dormir por miedo a no volver a despertar y/o que seamos los demás quienes no durmamos.
No permitirle expresar sus sentimientos y emociones ni expresar los nuestros: no pasa nada si nos ven tristes o llorando, no se van a asustar. Hay que explicarles porqué estamos tristes y dejarles que ellos también lo estén, acompañarles en su tristeza y escucharles. Frases como "tienes que ser fuerte", "llorar es de débiles y/o niñas", " a fulanito no le gustaría verte así" tienen el efecto contrario al esperado pues bloquean los sentimientos de l@s pequeñ@s lo cual genera más malestar y ansiedad a medio plazo.
Decirle que la persona fallecida le está viendo: no, no nos ve. Al decirle frases como "no hagas/digas eso que fulanito se pondrá triste" creerá que es cierta y puede buscar la manera de comprobarlo, lo cual puede llevar a un enfado con la persona fallecida por no responderle o con la persona que se lo ha dicho por mentiros@.
Con tanta "prohibición" parece dificil contarselo pero no lo es tanto. Sólo se trata de decir la verdad y ser claros en las respuestas, principalmente cuando el fallecimiento ha sido de forma inesperada y de dar la información justa y necesaria, lo que pueda entender usando un lenguaje sencillo y adecuado a la edad, no andarse por la ramas y explicar detalles.
Cuando el fallecimiento es fruto de una enfermedad es importante no apartar al niñ@ de dicho proceso, pues estamos impidiendo que tenga la oportunidad de despedirse. Si les explicamos lo que sucede y, dentro de lo posible, les dejamos ir al hospital o ver a dicha persona, les estamos preparando para la muerte por lo que el duelo es más fácil.
Además, no debemos dejar a l@s niñ@s al margen de las ceremonias de despedida. Da igual que sea una misa de funeral o una despedida laica, pueden acompañarnos, siempre explicándoles lo que va a suceder y qué van a ver. Incluso, pueden acompañarnos al cementerio a llevar flores tiempo después si les hemos explicado porqué lo hacemos. Llevarlos al funeral y al cementerio depende de l@s padres y del niñ@: ofrécele la oportunidad de ir y que elija.