Un niño puede no ser tan alto como sus amigos porque la talla de sus padres también es baja y su herencia familiar hace imposible que crezca tanto como otros. Pero existen otras causas que nada tienen que ver con la genética: sin duda alguna la más importante es sufrir de déficit de la hormona de crecimiento (conocida por las siglas GH), que se produce cuando se dan alteraciones en la glándula hipófisis, la responsable de liberarla.
Pero una talla baja también puede deberse a enfermedades raras, como los síndromes de Turner, que solo se da en las niñas (lo ocasiona la falta de un cromosoma y también hay retraso en la maduración sexual) y de Prader-Willi (al mismo tiempo suele haber obesidad y poco tono muscular), por una insuficiencia renal o problemas durante la gestación.
Puesto que la etapa de crecimiento es larga, las guías médicas son poco claras a la hora de definir cuándo un niño es bajito.
En realidad, se considera esa circunstancia cuando los demás son más altos. Es decir, cuando de cien niños de su mismo sexo y edad, 97 superan su talla (percentil 97).
Se sigue, por lo tanto, un método de valoración estadístico y de comparación con el resto. Además de que cada niño sigue un ritmo de crecimiento, muchas veces puede marcar más los genes de abuelos y bisabuelos que de los propios padres.

A través de los controles pediátricos habituales es posible detectar indicios que delaten la falta de la hormona de crecimiento. Pero además, en casa, debes sospechar ante las siguientes circunstancias:

Lo primero que hará el pediatra en cada uno de sus reconocimientos es pesar y medir al niño para dibujar la curva de crecimiento. En su historia clínica también se recoge la talla de los padres y otros datos de interés como su alimentación, los hábitos de sueño como a las enfermedades padecidas e, incluso, si hay problemas afectivos o de relación.
Si cualquiera de estos datos hace sospechar al doctor de un problema de crecimiento, puede solicitar otras pruebas:
Entre el 10 y el 15% de casos de retraso en el crecimiento de niños españoles se relacionan con el hecho de que la madre haya consumido altas dosis de alcohol como tabaco u otras drogas durante la gestación.
Aunque se trata de un método impreciso (con un margen de error de 9 cm), lo que se conoce como talla diana puede ayudar a calcular la altura del niño.
Para conocerla, suma a la talla del padre expresada en centímetros, la talla de la madre. Resta 13 cm en el caso de las niñas y suma 13 cm en el de los niños. La cifra resultante de esta suma se divide por dos y esta sería la altura esperada del niño o niña. Es decir: (talla del padre en cm + talla de la madre en cm) +/- 13 cm dividido entre 2 = talla esperada del niño.