
Dormir con los padres se convierte en un hábito para muchos niños, y a menudo los adultos disfrutan del contacto físico y los arrumacos que esto proporciona. Sin embargo, aunque ambas partes estén cómodas con esta rutina, el desarrollo emocional del niño puede verse afectado, y los padres suelen sufrir alteraciones en su descanso. Si has decidido que es momento de que tu hijo duerma en su propia cama, aquí te damos estrategias efectivas para lograrlo con amor y paciencia.
Cuando tu hijo va a la cama contigo, busca fundamentalmente seguridad y confort. Los niños encuentran en la presencia de sus padres una protección que necesitan para sentirse tranquilos durante la noche.
Es normal hacer algunas concesiones cuando está enfermo, pero es crucial que vuelva a su cama apenas se recupere. De esta forma, el niño aprenderá a descubrir el placer de dormir solo y ganará confianza en su propia habitación.
Puedes ayudar a tu hijo a sentirse seguro leyéndole un cuento antes de dormir o pasando tiempo abrazándole cuando lo llevas a la cama. Estos momentos especiales reemplazarán la sensación de protección que le daba dormir contigo.
Si tu hijo se despierta llorando en mitad de la noche por monstruos o dolores, no permitas que duerma en tu cama. En su lugar, acompáñalo a su habitación, tranquilízalo con abrazos y besos, e incluso quédate a su lado hasta que se duerma de nuevo.
Si no quieres perder los abrazos matutinos, puedes fijar una hora en la que sí pueda entrar en tu cama. Por ejemplo, dile que no puede venir hasta que el sol haya salido, porque "el sol también duerme solito".
Otra opción es elegir una canción que le guste y reproducirla a una hora específica como señal de que puede venir con vosotros.
Coloca un calendario en su cuarto donde marque con estrellas o pegatinas los días que durmió en su cama. Cuando alcance un número determinado de días, ofrécele una sorpresa como un dulce o un juguete pequeño.
También puedes permitirle dormir contigo un día especial (como un domingo o su cumpleaños) como recompensa, pero siempre recordándole que es algo puntual y no la norma habitual.
Es fundamental recordarle las normas establecidas. Si algún día no cumple lo acordado, acompáñalo nuevamente a su habitación sin hacer excepciones.
Cada niño necesita su propio tiempo para adaptarse: algunos se acostumbran en pocos días, mientras que otros pueden tardar semanas o meses. Lo más importante es tu paciencia, comprensión y amor incondicional hacia tu hijo durante este proceso de transición.