Cuando una mamá se está preparando para el parto, uno de los temores es el dolor, me atrevería a decir que es el mayor temor, es ese temor a algo que no sabes que esperar o como reaccionará tu cuerpo. Los médicos generalmente le ofrecen a uno la epidural, así a secas, sin mayor explicación, solo como si fuera una pastilla mágica para tomar, sin embargo hay mucho que decir, mucho que explicar, y cosas que pueden pasar. En esta entrada muy especial, Romina nos cuenta su experiencia con la epidural después del parto; ella muy amablemente nos cuenta su historia para las que les pueda servir, por que recuerden que información es poder y una mamá informada vale por MIL! Acá les dejo la historia de Romina Grondona, gracias por compartirla!
El 3 de Febrero de 2013 me levanté temprano, super nerviosa y emocionada. Hoy por fin ibamos a conocer a Laura! Creo que teníamos que estar en el Sanatorio Anchorena entre las 7:30 y las 8. Me esperaba mi partera y mi obstetra ya estaba en camino. Aunque estaba super nerviosa, me daba un poco de tranquilidad saber que en el parto iba a estar mi ginecólogo y obstetra, el que me controló durante todo el embarazo.
Mientras me ponían la peridural, el anestesista hablaba con la partera. En eso escucho que el anestesista dice “ups”.
- ¿Que pasa? Esta todo bien? – le pregunté yo. No me contestó. No me dejó muy tranquila. Después me pusieron el goteo, y yo cada vez estaba más ansiosa y nerviosa! Una vez que empezaron las contracciones pensé que los ejercicios de respiración del curso de preparto no me sirvieron para nada. A cada rato le preguntaba a la partera si me faltaba dilatar mucho, ella se fijaba, pero no me quería decir para que no me ponga más nerviosa. Igual yo no me tranquilizaba.
Cuando llegó el momento del parto sentí que me moría de dolor. Recuerdo que pensé: Para que sirve esa maldita anestesia si igual me duele todo?
Me pedían que puje. – No puedo! Me duele mucho! – les dije yo. Yo trataba de hacer lo que me pedían, pero no me salía. Pablo estaba al lado mío, apretando mi mano. En eso el médico me pone un mechón de pelo sobre la panza.
- Acá tenés el pelo de Laura.
No lo podía creer! Ya estaba tan cerca de conocerla! El obstetra le dio una indicación a la partera y ella me puso las manos sobre la panza para “empujar”. Y de golpe…salió. Ya no sentí más dolor, sólo un alivio increíble. El medico me puso una cosita de color morado sobre la panza.
- Ay…es…her…mo…sa.
La feliz Romina con su querida Laura