Hay que destacar en primer lugar la importancia que tiene respetar los ritmos de sueño que evolucionan con la edad.
Es necesario hacerlo atendiendo a las necesidades individuales de cada niño o niña, dado que hay algunos que necesitan más horas de sueño que otros, o necesitan acostarse antes y otros al contrario.
Lo ideal es que el niño o la niña comprendan la necesidad de descanso, que vayan conociendo su propio ritmo, cuándo están cansados, cuándo necesitan dormir, y si la actividad que van a realizar no les va a suponer fatigarse.
La falta de sueño afecta tanto al rendimiento del niño o niña en los periodos de actividad como a su relación con las demás personas, pues un niño o niña cansados pueden tener conductas inestables e irritables que no se darían si estuvieran descansados.
Se deberán organizar los horarios de la escuela y de la familia para equilibrar adecuadamente los momentos de actividad y descanso, deberemos dejar tiempo para que se relajen, puedan tener un rato de convivencia con las personas adultas, y puedan realizar alguna actividad, que como decíamos antes debe ser relajada, pues induce al sueño.
Es muy importante que estos horarios sean fijos y se respeten en todo momento y lugar.
Las condiciones ambientales deben responder a criterios de tranquilidad y relajación.
Debemos evitar ruidos excesivos cuando el niño o la niña ya están acostados, porque puede provocar que no concilie el sueño o que se les interrumpa.
De 1 a 2 años
Duermen de 12 a 14 horas diarias.
A partir de los 6-8 meses deben dormir en una habitación diferente a la del padre o la madre. (Opcional).
Pueden utilizar chupa para dormir. (Opcional)
Se les puede ayudar a relajarse antes de dormir con cuentos.
Debe evitarse la luz.
De 2 a 3 años
De 3 a 4 años
De 4 a 5 años
De 5 a 6 años