
Se debe ser comprensivo, pero sin perder la disciplina.La escuela se convierte en un lugar donde se complementa la educación que los niños reciben en casa. Este periodo permite que desarrollen sus capacidades físicas, cognitivas, afectivas y sociales.Según Ana María Pastrana, coordinadora de educación infantil, en el Colegio Nervión de Madrid, al acabar el curso, el cambio que sufren los niños es drástico. Entran siendo bebés y terminan adoptando una actitud independiente
Cada niño tiene una reacción diferente. Algunos de los recursos que emplean son los llantos, los pataleos, intentan escaparse, negarse a comer, orinarse en los pantalones, son agresivos con sus compañeros o incluso con los propios adultos, etc.
Por otra parte, no se presentan diferencias de adaptación entre niños de diferente sexo o cultura. La experta, asegura que las niñas suelen ser un poco más maduras, pero generalmente no hay disimilitudes entre sexos o razas. Es algo que depende de cada niño.


Según la especialista, hay madres muy protectoras que incluso se echan a llorar, y otras que siguen las indicaciones que les damos. Lo que deben hacer es no prolongar el periodo de incorporación del niño y actuar con la mayor normalidad posible.
Por otra parte, los niños a los tres años no tienen definido el sentido del tiempo, no saben que significa pasado mañana, por eso se les debe ir enseñando antes de ir a la escuela como van a ser algunas de sus nuevas costumbres. También deben aprender a controlar sus ganas de ir al baño y tomar el hábito de relacionarse con otros niños para fomentar su capacidad de socialización, cómo sucede cuando se les lleva al parque.
La experta asegura que lo que más les gusta es el juego libre y cantar, En algunas ocasiones cuando lloran, las canciones les hacen cambiar la actitud e integrarse poco a poco con sus compañeros en una nueva faceta, que se repite cada año con matices.
Agradecimientos: Elisabet Albert, flickr. Por la foto de portada.