La llegada de Alma (y la de Lolita, por su puesto) han convertido este verano en el más especial de nuestras vidas. Ser padres no sólo te cambia por fuera y por dentro, sino que hace que toda tu vida y tus planes empiecen a girar en torno a esa personita. Algunos lo llaman ‘renunciar a muchas cosas que hacías y ya no podrás hacer’, pero a mí personalmente me ha servido para volver a descubrir y a enamorarme del mundo a través de sus ojos.
Me encanta levantarme cada día y hacer planes con ella, aunque a veces nos tengamos que volver antes de tiempo porque esté cansada o algún diente esté haciendo de las suyas.
Tener piscina en casa nos está viniendo fenomenal, sobre todo ahora que acabamos de empezar nuestras vacaciones. Como os contaba en el post de la semana pasada Alma está hecha una sirenita y nos pasamos las tardes a remojo, descubriendo el césped o comiendo fruta debajo de una palmera.

Ya no habrá veranos tomando el sol relajadamente durante horas, pero sí de paseos al atardecer por la playa, de cogernos las manos, de sacarnos sonrisas, de disfrutar de las pequeñas cosas…

De aprender mucho de ella y de enseñarle algunas cosas que para nosotros son importantes, como amar la naturaleza y los animales. Aunque para eso ya está Lolita, que se hace querer muchísimo y no se despega de su lado ni un momento.

Este está siendo el verano más corto, el más intenso y el más bonito de todos. También el más caluroso, por llevar a mi monito enganchado la mitad del tiempo. Aunque la otra mitad se la pase explorando, gateando, trepando y queriendo ser tan independiente que a veces me de miedo.
Y ahora que me he aficionado a poneros videos, os dejo uno no apto para mamis o futuras mamás con las hormonas revolucionadas. Entre el post y el video yo ya estoy con la lagrimilla…