En busca de los dinosaurios…

Si hay una característica que describe a Mirula es su curiosidad por absolutamente todo. El año pasado, en el marco de un proyecto institucional de su Jardín anterior, dijo que le gustaría ser guardaparque. Sí, como su tía Lili, guardaparque del Parque Nacional Catataras del Iguazú. Anteriormente, había actuado de paleontóloga y eso le encantó también. Encontramos un lugar ideal para jugar un rato y además conocer sobre la Naturaleza y sus fenómenos: el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Hace un poco más de un mes, realizamos con las familias del otro jardín y las señoritas un encuentro de amigos y amigas. Como queríamos que fuera en un lugar accesible para todos y que a su vez los pequeños se divirtieran, elegimos uno de los parques más grandes que tiene la ciudad de Buenos Aires: el Parque Centenario.


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Parque Centenario es la denominación que recibe un espacio verde público que se encuentra ubicado en el centro geográfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre las avenidas Díaz Vélez, Patricias Argentinas, Leopoldo Marechal y Ángel Gallardo, en el barrio de Caballito, en una zona limítrofe con los barrios de Almagro y Villa Crespo.

Por extensión, recibe este nombre la zona residencial ubicada en las manzanas aledañas al parque.

Su creación fue decidida por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires mediante Ordenanza del 14 de mayo de 1909. Fue inaugurado con motivo de los festejos del Centenario Argentino de la Revolución de Mayo, en 1810, ya que hasta ese momento se trataba de una zona de descampados que sobrevivían en una ciudad en rápido crecimiento.

El proyecto del parque fue obra del arquitecto y paisajista franco argentino Carlos Thays, creador de gran parte de los espacios verdes de Buenos Aires.*

Este parque es especial para mí, ya que uno de los lugares que se encuentra ahí enfrente es el Hospital Naval, donde fue nuestro primer encuentro cara a cara con Mirula. Así que cada vez que andamos cerca, se lo muestro y le cuento algo sobre el día en que nació.

En uno de los rincones de Parque Centenario se ubica el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Obviamente, Mirula quiso ir así que fuimos un rato antes del horario que habíamos acordado con sus amigos del jardín y nos dispusimos a disfrutar del Museo.

Sobre el Museo

La historia del museo comenzó a principios del siglo XIX y muy poco después de producida la Revolución de Mayo de1810, cuando Bernardino Rivadavia, secretario del Primer Triunvirato -y gran impulsor de las ciencias y la cultura- dispuso, en 1812, que las provincias debían reunir elementos para “dar principio al establecimiento en la Capital de un Museo de Historia Natural”. La misma disposición fue impulsada nuevamente por Rivadavia en 1823, cuando desempeñó el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del gobernador de Buenos Aires, general Martín Rodríguez logrando su objetivo al llegar a la Presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1826-1827.

En un principio el museo funcionó en las celdas altas del Convento de Santo Domingo (1826-1854) y en la vieja Procuraduría Jesuítica de la Manzana de las Luces hasta que en el año 1937 el presidente Agustín Pedro Justo inauguró la primera etapa del nuevo y gran edificio actual, cuya construcción continuó durante los siguientes años. Primero se levantaron los dos volúmenes de los extremos, y luego se culminó conectándolos con la extensa fachada curva y de mayor altura.

Dentro del ámbito del museo funciona el Instituto Nacional de Investigación de las Ciencias Naturales, donde se llevan a cabo actividades de investigación en los diversos campos de conocimiento de las ciencias biológicas y naturales. Los distintos grupos de investigación, conformados por investigadores y becarios del CONICET y de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT, MINCyT), se encuentran organizados en las siguientes áreas:



Botánica

Ecología

Geología

Paleontología

Zoología de Invertebrados

Zoología de Vertebrados*

¡Y los encontró!

Lo que fue a buscar Mirula y los encontró fue: ¡dinosaurios! O sus fósiles… pero el caso es que ¡esa sala es fascinante! Fue a buscar los nombres que conocía de ver La asombrosa excursión de Zamba (del cual hablaremos en otro momento). El famoso Argentinosaurus, un cráneo de Tiranosaurio Rex y otras piezas de gran tamaño, sumado a un espacio para jugar a ser paleontóloga, hicieron del Museo un lugar para recordar, con diversión asegurada.


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El espacio de insectos y el de pájaros también sumaron su encanto.

Con Mirula super recomendamos la visita a este Museo si no lo conocen y si están por Buenos Aires con niños/as. Y ya saben, tienen el plus del bello Parque fuera del Museo y una feria de artesanías, rebajas y antigüedades que nadie puede perderse.


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En breve seguiremos contando más sobre nuestros lugares preferidos de Buenos Aires.

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Un abrazo.
:)




*Información de Wikipedia y de la página oficial del Museo





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