
“Tener miedo a estar colgado a una altura de 10 metros es razonable, miedo a bajar un bordillo, no”.
El miedo es una respuesta emocional que se presenta ante la presencia de peligros o amenazas, y se relaciona con el concepto de defensa. Un mecanismo que nos permite reaccionar ante el entorno.
Es una emoción básica del ser humano que se vincula a la supervivencia.
Por lo tanto, es normal sentir este tipo de emoción y, lo más importante, es necesario experimentarla desde que somos niños para poder desarrollar estrategias futuras ante situaciones, pensamientos y objetos que impliquen una amenaza real.
Si entorpece y ocupa un hueco importante en la vida de una persona, alterando de forma significativa su desarrollo cognitivo y emocional, toma un sentido disfuncional que habría que erradicar, puesto que podría desencadenar en la aparición de una fobia.
Según los estudios, existen miedos innatos, hay una predisposición evolutiva a ciertas situaciones dependiendo de las especies, por ejemplo, la cebra siente miedo del león.
Hay miedos aprendidos, por experiencias vividas propias o ajenas, por ejemplo, al sonido de una ambulancia.
En los menores, dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentren, van a presentar unos miedos que son considerados propios del desarrollo y por lo tanto adaptativos.
A continuación, se muestra la CRONOLOGÍA DE LOS MIEDOS INFANTILES, considerados normales, según los psicólogos estadounidenses Thomas R. Kratochwill y Richard J. Morris:
La importancia de ser conocedores de la etapa evolutiva en la que se encuentra el menor, permiten manejarle, así como permite, que los mismos progenitores controlen las situaciones, sus propias sensaciones y conductas. Lo que conlleva seguridad y tranquilidad que transmitirán a sus hijos.
PRÁCTICA:
¿En qué etapa se encuentra tu hijo?
¿Reconoces cuales son sus miedos? ¿Son adaptativos?
Bibliografía:
Marina Jose Antonio. “Los miedos y el aprendizaje de la valentía”. 2014. Ariel.
