Entre los padres se habla pero quizás no con toda la sinceridad que deberíamos. Está mal visto, reconocer que hay muchos días que ¡Estoy harto de mis hijas o hijos!
Nos hacemos varias preguntas, ¿es normal que esté harto de mis hijos?, ¿sería bueno que compartiera esta sensación?, ¿me tengo que sentir culpable?. Estas son las respuestas ante nuestras dudas, que nos propone nuestra psicóloga de cabecera, Catalina Fuster

Ser padre y madre es uno de los cometidos más exigentes que se nos plantean en la vida. Tenemos que adquirir y desarrollar todo tipo de habilidades de directivos de alto nivel, y no desfallecer en el intento. Pongamos ejemplos:
Ja,ja, ja, pensándolo bien, ¿hay algo más difícil y exigente en nuestro día a día?
Habilidades de negociación, conciliación, paciente, generar buen clima familiar, disponibilidad 24 horas los 365 días del año.

Debemos desarrollar muchas habilidades, gestión, liderazgo y dirección de equipos. Y claro por malo que sea el día laboralmente, no nos podemos olvidar de que hay que transmitir ilusión, motivación, positividad, saber encauzar los errores y el aprender de todas las experiencias que se den.
Siguiendo con la comparativa propuesta y dada la gran exigencia de este “trabajo” , cabe esperar que, en algún momento, sea necesario desconectar, tener unas pequeñas vacaciones.

Además, la configuración de las familias actuales, en las que los horarios y actividades profesionales de los miembros de la familia, suelen ser altamente exigentes.
El primer punto a señalar o idea a defender es que esto es normal, no hay necesidad de sentirse el peor padre o la peor madre del mundo por este motivo.
Hay que practicar la empatía con una misma o mismo y entender que, si nos ocurre esto, no somos monstruos extraterrestres.

Tomárnoslo con calma y buscar momentos de relajación. ¿Cómo? Catalina Fuster nos propone algunas ideas.
1. Apoyarnos en otras personas para disponer de un poquito de tiempo que permita pequeños momentos de desconexión.
2. Existen muchas posibilidades como turnarse con otras familias con niños, para lograr un par de horas en las que dejar de atender a nuestros pequeños y poder hacer otra cosa en solitario o con nuestra pareja.

3. También podemos recurrir a familiares o amigos con la misma finalidad o buscar actividades que coincidan en horarios, con la opción de hacer otra cosa los adultos.
4. No es negativo sentirse culpable por tener estos pensamientos. No es un signo negativo, si no la valentía de reconocer un cansancio humano de personas que no somos infalibles.
5. Tampoco hay que machacarse pensando que nuestros hijos e hijas van a percibir nuestro cansancio y se van a sentir mal por ello.
6. Nuestros hijos e hijas, a veces, también se cansan de nosotros. No viene nada mal que compartan tiempo con otros adultos. Se liberan con actividades de ocio o cuando pueden estar con tíos, abuelos o con otros adultos. Cuando regresan, se muestran encantados de ese reencuentro. Al revés también funciona igual. Un 2×1 ideal!!!
Además, no olvidemos que la tarea de ser padre y madre es la más larga que se suele desarrollar a lo largo de la vida. No termina nunca mientras estemos vivos, aunque se transforme o se amplíe con el paso de los años en muchos casos.
Crecer como personas y mejorar en lo posible es, sin duda, un buen ejemplo que proyectar a los demás. Aunque más de un día te sientas harto de tus hijos o hijas.
Siempre podemos recurrir a expertos que nos ayudan con sus libros, estos son nuestras recomendaciones:
Redacción: GBM
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