
Quizás Sebastian se adelantó un poquito en nuestras vidas, pero desde el primer momento en el que supimos que estaba en mi barriguita, aparte de quedarnos un poco sorprendidos y asimilar la noticia, me apoyaste en todo momento, me diste fuerzas para saber que no estaba sola y cada día empezamos a soñar con la llegada de nuestro bebé.
Me encantaba ver tu emoción cada día y esa ansiedad por conocerlo se notaba al transcurrir cada mes. Siempre me decías que querías un varoncito, y aunque yo quería tener a una princesa, no pude estar más feliz de verte emocionado el día de la ecografía.
No fue fácil ser padres jóvenes y tener una personita dependiendo de nosotros por completo, pero desde el primer día que me convertí en mamá, me acompañaste esas noches en la clínica y me trajiste dulces para concentirme.
Cuando me volvía loca los primeros días que llegó el bebé a casa dando de lactar, cambiando pañales, sin dormir, y más, me hacías reír con tus bromas y me acompañabas en esos momentos que sólo quería llorar de la desesperación y el estrés.