Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y de eso no hay duda. Lo hacemos lo mejor que sabemos. No existen en general buenos ni malos padres, simplemente que a veces no contamos con las herramientas necesarias para ayudar a nuestros hijos en las dificultades y placeres de la vida. Tampoco existe una vara de medición de lo que realmente está bien y mal, ni ningún sitio donde sacarse el carnet de padre. Los niños por suerte no vienen con manual de instrucciones, y en parte hasta me alegro si eso es significado que cada niño tiene sus propias necesidades.
Los más pequeños son como esponjas. Todo lo que pase en su entorno en los primeros años de su vida, influirá de manera considerable en el desarrollo de su personalidad y su nivel intelectual.
Los niños no están para molestarnos, defienden desde MIMoai. A edades tan tempranas no maquinan porque no saben hacerlo. Ellos sólo quieren agradar a sus padres y como nosotros, lo hacen lo mejor que pueden o saben.
La importancia del amor que les de hoy será el reflejo de lo que serán mañana. Suena duro, ¿eh? Y es que sin duda tenemos ante nuestras manos una gran responsabilidad, ya que como padres es nuestro deber acompañarles en su aprendizaje con tiempo de calidad y paciencia en cantidad.
A menudo se tiene la creencia que la etapa más importante en el desarrollo de un niño comienza cuando es capaz de recordar lo vivido, sobre los primeros años de vida. Sin embargo, los padres debemos prestar una exhaustiva atención desde el nacimiento hasta los cinco o seis años (principalmente) para cubrir y satisfacer los estímulos y necesidades de nuestro hijo. Es así como surge la figura del niño interior, un niño que todos llevamos dentro y que es el reflejo de la emociones vividas en nuestra infancia. El es el responsable de nuestra autoestima y nuestro crecimiento emocional como consecuencia de las carencias que hayamos tenido en la infancia.
Nadie nace sabiendo
La escuela de padres es más bien el resultado de nuestras experiencias. Por muchos consejos de buena fe que te den, la última palabra es la tuya. Lo que si todos tenemos más o menos claro:
No se trata de dejar a nuestros hijos en el libre albedrío. Los límites existen y son necesarios. Cada etapa en el desarrollo del niño viene condicionado con una serie de límites que son capaces de comprender y aceptar. Por eso nos reafirmamos en que si es posible educar con firmeza y con cariño a la vez. En ello consiste la disciplina positiva, la disciplina del amor. No es otra cosa que la capacidad de entender a nuestros hijos ante una conducta inadecuada, a la vez que se promueve la vía positiva hacia el camino del aprendizaje, la corrección y la interpretación de sus actos en momento presente y futuro.
Nadie dijo que convertirse en padre o madre fuera un camino de rosas. No hay manual de instrucciones que valga. Las dudas nos acechan y la conciencia nos invade en juzgar hasta qué punto actuamos bien o mal. Es por ello que una comunicación respetuosa, un vínculo de afecto seguro y la confianza son la base de cualquier relación sana.
Educar en positivo
No deberíamos educar por educar. Hagamos que merezca la pena
¡Palabra de madre!
Jazmín Diaz.
Co-Fundadora de Mimoai
.