Lactancia materna ¿sí o no? Hoy, como madre de tres criaturas y próximamente de un cuarto bebé, te mostraré aspectos que te hagan replantearte la decisión de dar o no el pecho a tu hijo: sin prejuicios, sin mentiras y sin reproches. ¿Vamos a ello?

La lactancia materna ha estado en el ojo del huracán durante muchos años, y lo ha hecho hasta tal punto, que aún a día de hoy se sigue dudando de ella en beneficio de la leche de fórmula para bebés. Excepto casos extremadamente raros e infrecuentes, absolutamente todas las mujeres están preparadas para dar el pecho a su hijo recién nacido; es lo que dicta la naturaleza, lo que asegura la supervivencia y el sustento necesario para que una nueva vida siga desarrollándose plenamente, ya fuera del vientre materno.
Los mitos y creencias falsas que rodean a la lactancia materna consiguen que muchas mujeres se sientan indecisas ante la posibilidad de dar el pecho a sus bebés: amamantar duele, hay quienes no producen suficiente leche, la calidad de la leche puede no ser la adecuada para el bebé… Todas estas ideas, sumadas a la normal ignorancia que aporta la inexperiencia, provocan miedo y desconcierto ante la instauración de la lactancia natural.
Otros mitos apuntan que la lactancia es más fácil que dar el biberón o que el sacrificio por parte de la madre es menor, hechos que no dejan de ser meramente personales y que no hacen más que crear falsas expectativas en la mujer que decide dar el pecho a su hijo.
Si hay algo innegable de la lactancia materna es que puede ser tan distinta de una madre a otra como de un hijo al siguiente. Nadie puede aprobar un curso de lactancia materna sin antes haber amamantado; la teoría no hace más que confundirnos y alejarnos de la experimentación y aceptación de lo que es, tal y como es.
Habrá madres que perciban la lactancia como un proceso sumamente fácil y habrá otras que las pasen canutas hasta que consigan alcanzar lo que, tanto ella como su bebé, necesitan. Si una mujer cree que la lactancia materna es coser y cantar y descubre que no es lo que le han contado, se sentirá perdida, engañada, frustrada e incapaz. Por lo que aceptar que la lactancia materna es simplemente como es, será un buen paso hacia el éxito seguro.

Nadie se ofende cuando se reconoce que la leche materna es la forma más saludable y natural para alimentar a un bebé recién nacido; sin embargo, también es vital que la lactancia sea un proceso venturoso por parte de la madre.
Con esto quiero decir que dar el pecho debe contentar a ambas partes, no solo al hijo que mama. Hoy en día, el miedo a hacer mal las cosas y el pavor a los cambios físicos, entre otras cuestiones, mellan mucho la predisposición de la mamá a dar el pecho a su recién nacido.
Desprenderse de ciertos arquetipos es esencial para lanzarse a la aventura de amamantar; por lo que si una mujer duda constantemente o experimenta una fuerte sensación de rechazo a la lactancia materna, no debe culpabilizarse por alimentar a su hijo con leches adaptadas. Quizá vuelva a tener la oportunidad de intentarlo, si es que quiere, en alguna otra ocasión.
¿Acaso es mejor madre aquella que da el pecho a su hijo? No. Dar la teta no te convierte en mejor ni peor madre. Libérate de culpas y de autoengaños; solo así, serás capaz de decidir con la determinación y seguridad suficientes si deseas o no alimentar a tu pequeño con tu propia leche materna.
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