Hoy en la sección de libros para padres con ojeras que leen cuando pueden (si pueden) os voy hablar de ‘También esto pasará’ de Milena Busquets, el diálogo-monólogo de una hija con su madre ya ausente, un viaje por los recuerdos y los aprendizajes de toda una vida, un paseo vital bajo la intensa luz veraniega que baña al Mediterráneo a su paso por el pintoresco pueblo de Cadaqués. Todo ello a través de un estilo narrativo ágil que combina a la perfección la hondura de las reflexiones de Clara, la protagonista de la historia, con su ligereza vital.
Pese a las buenas críticas y a la gran aceptación que ha tenido entre el público, ‘También esto pasará’ es un libro que me generaba dudas por el lado frívolo que se adivinaba en el mismo. Después de leerlo, sin embargo, lo que quedan son los maravillosos monólogos de la protagonista, sus reflexiones interiores cargadas de verdad, desgarro y ausencia, el sexo y la amistad que todo lo curan (nunca somos tan poderosos como cuando estamos enamorados y somos correspondidos, y esa experiencia pone el listón tan algo que, en mi caso al menos, sólo el breve chispazo del sexo puede servir de sustitutivo).
Milena Busquets, que inicia y termina su obra con un cementerio como escenario, nos habla a través de Blanca de la herencia (no económica) que nos dejan los padres, del dolor que causa su pérdida, de aquello que se ha quedado por decir, de los recuerdos de una infancia sin preocupaciones, del miedo a la muerte, de la fugacidad de una juventud que se va para no volver: La primera corona que perdemos, y tal vez la única imposible de recuperar, es la de la juventud; la de la infancia no cuenta porque de niños no somos conscientes del increíble botín de energía, fuerza, belleza, libertad y candor que al cabo de unos años será nuestro, y que los más suertudos dilapidaremos sin medida.
“Siempre agradezco que no se haga un espectáculo de la pena ni de la solidaridad, no hacerlo con el amor es más difícil, hay algo fluorescente en las parejas de amantes, como si estuviesen en el centro justo de un remolino, como si ningún viento las pudiese arrastrar, nunca somos tan poderosos como cuando estamos enamorados y somos correspondidos”
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