Lo que no me contaron de la maternidad

La maternidad no es tarea fácil y más en estos tiempos en los que criamos en soledad. Nos auto-exigimos hasta el infinito y más allá y además tenemos que ser la perfecta mujer, trabajadora, amante y esposa. Si no lo eres, ya vendrán a recriminártelo de alguna manera. Esta sociedad tiende a culpar a las mujeres de absolutamente todo, y no necesitamos que nos toquen mucho las palmas para asumir dichas culpas. Es verdad que a veces se nos pinta la maternidad como maravillosa, como un estadío de felicidad absoluta, volando en nubes de algodón y cagando purpurina everywhere. Pero no siempre es así, la maternidad es dura, cansada, sacrificada, extenuante. Probablemente sea la tarea más dura que has enfrentado en tu vida. Pero eso no quiere decir, como se escucha alguna que otra vez, que nos han engañado como a tontas. Que nos dijeron que ser madre es fácil cuando no lo es. Que detrás del estado idílico de la maternidad hay una gran mentira. La maternidad real no es absoluta, cada madre tiene la suya, y depende de tantas variables que no puedes extraer una única conclusión. La única conclusión verdadera es que cada maternidad es única en sí misma. Podríamos decir que nos han engañado con el cuento de la maternidad si no nos hubiéramos criado con otras mujeres. Pero tenemos madres, abuelas, estamos rodeadas de mujeres que han criado, mujeres que crían. No tenemos más que observar a nuestro alrededor, o recordar nuestra infancia, las frases de tu madre, cuando decía lo cansado que era o “verás como un día cojo la maleta y no vuelvo”. Quizás no se cuenta todo porque hay sentimientos y emociones que no quieres compartir, pero se habla de ello, de lo maravilloso, de cómo te cambia la vida cuando eres madre, y de lo menos agradecido. Es imposible no saber que la maternidad es algo más que bebés sonrosados que duermen como benditos y madres ideales de portada de revista. Yo jamás me he sentido engañada con esto de ser madre, ni que me contaran algo que no es. Sabía que no sería fácil y quizás por eso, porque me temía lo peor, porque repiqueteaban en mi mente clásicos tópicos “se te acabó vivir bien”, “no vas a volver a dormir”, “no vas a tener ni un segundo de descanso”, “te vas a enterar de lo que es criar a un bebé”, lo asumí, y me encontré que en mi caso, con mi bebé, todo era sumamente fácil. Al menos, más fácil de lo que me creía. Pero sí tengo que reconocer que no me contaron todo de la maternidad. Me contaron mucho, muchas experiencias, muchos sacrificios, me contaron muchas cosas que me podrían haber quitado las ganas de haberme metido en esta aventura. Pero no me contaron de la maternidad: Que esas tres personitas que son mis hijos pasarían a ser el epicentro de mi mundo y mi vida, que todo giraría irremisiblemente entorno a ellos. Que todas las personas importantes hasta ahora en mi vida dejarían de serlo. Son importantes, pero mis hijos siempre estarán por delante de todo. Que me desbordaría de amor por ellos. Porque me resulta imposible explicar el amor que les tengo. Que me darían la mayor felicidad imaginable. Que me llevarían hasta el límite de la paciencia y la mala leche. Que me dolería como propia cada una de sus enfermedades y malestares. Me cambiaba por ellos cada vez que se ponen malos, sin duda. Que me harían sentir el mayor orgullo por las mínimas cosas. Dar un pasito, decir una palabra, cada pequeño logro es un gran avance que admiro con mucho orgullo. Que asumiría la mayor responsabilidad de mi vida. Que por ellos sería capaz de sacar una fuerza que no conocía en mi. Que me sentiría como un animal herido y los defendería cual fiera leona si se que mis hijos son dañados. Que la maternidad podía ser tan dura como maravillosa. Que me sentiría tan feliz al escuchar la palabra MAMÁ.   No, no me lo han contado todo de la maternidad. Pero no pasa nada, merece la pena descubrirlo por una misma, en serio.   Pd: este post es un borrador del 2010, modificado en el 2013 y re-modificado hace unos minutos. Ya era hora de que viera la luz.

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