Los recién nacidos duermen un total de 10 a 18 horas al día en un horario irregular, con períodos de uno a tres horas despierto.
El sueño y los recién nacidos (0-3 meses)
Sueño y lactantes (4-11 meses)
A los seis meses de edad, las tomas nocturnas por lo general no son necesarias y muchos bebés duermen toda la noche. Un 70-80% lo hará alrededor de los nueve meses de edad.
A esta edad los bebés suelen dormir de 9-12 horas durante la noche y unos 30 minutos de siesta cada dos horas, de una a cuatro veces al día – que irán disminuyendo a medida que alcanzan un año de edad.
Como hemos indicado antes es conveniente echar a los niños en su cuna cuando muestran evidencias de sueño o cansancio para que poco a poco busquen su manera de conciliar el sueño de forma autónoma. Si los acostumbramos a estar ahí junto a ellos a la hora de acostarlos en su cuna, a menudo conseguiremos que se conviertan en “comunicadores” y lloren reclamando nuestra atención para ayudarlos a dormir durante la noche.
Las cuestiones sociales y de desarrollo también pueden afectar el sueño. Los bebés que se sientan más seguros porque estén siempre junto a su papá o mamá, o incluso un cuidador habitual, suelen tener menos problemas de sueño, aunque también se dan algunos casos en los que no quieren dormir para continuar disfrutando de la compañía de sus papás.
Durante la segunda mitad del año, los bebés también pueden experimentar la ansiedad de la separación. La enfermedad y el aumento en su desarrollo motor también pueden perturbar el sueño.
Consejos del sueño para Lactantes
El sueño y los niños pequeños (1-2 años)
Los niños pequeños necesitan alrededor de 11 a 14 horas de sueño en un período de 24 horas. Cuando alcanzan aproximadamente 18 meses de edad sus siestas disminuirán a una vez al día que dura alrededor de una a tres horas. Las siestas no deben producirse demasiado cerca de la hora de acostarse, ya que pueden retrasar el sueño por la noche.
Muchos niños experimentan trastornos del sueño, incluyendo resistencia a ir a la cama y despertares nocturnos. Los temores nocturnos y pesadillas también son comunes.
Hay muchos factores que pueden conducir a nuestros hijos a tener problemas de sueño. En el caso de los niños pequeños, el aumento de su independencia y un aumento de su aparato motor, cognitivo y las habilidades sociales pueden interferir en el sueño. Además, su capacidad para levantarse de la cuna, la ansiedad de separación, la necesidad de autonomía y el desarrollo de su imaginación pueden también conducir a problemas de sueño. Problemas de somnolencia y comportamiento durante el día pueden ser la señal que te alerten de esa falta de sueño o problema de sueño.
Consejos para dormir para niños pequeños
Como evitar las Pesadillas
Aunque es normal tener una pesadilla de vez en cuando, existen algunas técnicas que puedes probar para tener las pesadillas bajo control.
Sigue una rutina de sueño sana. Trata de irte a la cama y despertarte a la misma hora todos los días. A menos que estés enfermo o no hayas dormido lo suficiente la noche anterior, evita las siestas durante el día. Evita comer o hacer ejercicio justo antes de acostarte. Evita las películas o los libros de miedo antes de irte a dormir si crees que son los que te están provocando las pesadillas.
Duerme con un peluche o con tu manta favorita. Esto ayuda a algunos niños a sentirse más seguros.
Usa una lamparilla o luz nocturna. Aunque tal vez la abandonaste hace unos años atrás, quizás quieras volver a utilizarla. Con una lamparilla encendida, si te despiertas en medio de una pesadilla, podrás ver cosas que te resultan familiares y recordar donde estás.
Deja la puerta abierta. Esto te ayudará a recordar que tu familia está cerca. Si estás muy asustado, levántate y busca a alguien que te tranquilice. ¡Nunca se es lo suficientemente mayor para recibir un abrazo!
(Fuente)
Sueño y niños en edad preescolar (3-5 años)
Los preescolares normalmente duermen 11-13 horas cada noche y la mayoría no se echan la siesta después de cumplir los cinco años de edad.
Al igual que con los niños pequeños, la dificultad para dormirse y despertarse durante la noche son muy habituales. Ya poseen un mayor desarrollo de la imaginación, algo que hace que a esa edad suelan experimentar temores y pesadillas nocturnas. Además, el pico de sonambulismo y terrores del sueño se da sobre todo durante esta edad.
Consejos para dormir para niños en edad preescolar
El sueño en edad escolar (6-13 años)
Los niños de 6 a 13 años necesitan de 9 a 11 horas de sueño. Al mismo tiempo, nos encontramos que hay una creciente demanda de su tiempo en la escuela debido a las extraescolares, los deportes y otras actividades sociales. Además, los niños en edad escolar están cada vez más interesados en la televisión, los ordenadores, los medios de comunicación, los videojuegos, los móviles e Internet, así como en productos con cafeína – todo lo cual puede conducir a la dificultad para conciliar el sueño, pesadillas e interrupciones en su sueño. En particular, ver la televisión antes de acostarse se ha asociado con la resistencia a la hora de dormir, dificultad para conciliar el sueño, la ansiedad en torno al sueño y, obviamente, con dormir menos horas.
Los problemas del sueño y los trastornos son frecuentes a esta edad. La falta de sueño o la falta de calidad de éste pueden conducir a cambios de humor, problemas de comportamiento como ADHD y los problemas cognitivos que tienen un impacto en su capacidad para aprender en la escuela.
Consejos para dormir para niños en edad escolar
El uso de aparatos electrónicos antes de dormir multiplica los problemas de sueño
Un estudio realizado en la Universidad de Harvard concluye que el uso de smartphones y tabletas antes de dormir multiplicaba los problemas de sueño. Czeisler, que hacía énfasis en el riesgo de estos efectos para las ultraconectadas nuevas generaciones, estimaba entonces en declaraciones a Materia que “los adolescentes duermen media hora menos por cada dispositivo de este tipo que tienen en el dormitorio”. Esto, añadía, “no es solo debido a la exposición a la luz, sino también por los juegos, las interrupciones telefónicas después de la hora de acostarse, los mensajes de texto que despiertan, etc.”
Los autores consideran que, vistos los profundos efectos biológicos de la exposición a estos dispositivos, son necesarios nuevos estudios fisiológicos para entender el impacto de la luz de estos aparatos sobre el aprendizaje y el desarrollo, en particular entre los niños y adolescentes.
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