La meditación es quizá el secreto mejor guardado de la historia de la humanidad. Es una práctica experiencial que te permite llegar a conocerte a ti mismo profundamente y ser libre de tus propias barreras mentales y emocionales. 
Se trata de focalizar toda tu atención en el momento presente, con absoluta consciencia y presencia y aprender a observarlo. Es ver cómo fluye la vida a través de ti, lo que te lleva a conocerte a ti mismo, a conocer, manejar y expandir todas tus partes (cuerpo, mente y espíritu) para obtener tu pleno potencial. Te permite cuidar y purificar la mente de capas superficiales (preocupaciones, estrés, distracciones), quitando todo lo que no es para descubrir lo que sí es.
Según el lama Rinchen Gyaltsen, la meditación es el proceso en el que voluntariamente generamos, nos familiarizamos e integramos un estado virtuoso en nuestra mente.
Lo mejor es que con la meditación vas accediendo cada vez más a ese estado que después se va asentando en nuestra mente para formar parte de nuestro ser en el día a día.
A través de la práctica de la meditación lo primero que logramos es que nuestro pensamiento sea puro, claro y alineado con nuestro sentir interno, pero lo que también puede pasar es que

En los primeros pasos en la meditación, pasamos por dos etapas importantes e imprescindibles para poder ir llegando cada vez más a capas más profundas de la consciencia.
La primera etapa básica sería aprender a relajar conscientemente todos los músculos del cuerpo. Se trata de ayudar al cuerpo a que se destense y se calme mientras mantienes tu atención muy activa al ir recorriendo todas las partes del cuerpo. Puedes comenzar llevando tu atención a la cabeza (cara, mandíbula, cuello) y vas bajando haciendo un recorrido por cada una de tus partes (hombros, brazos, manos, dedos, pecho), llevando la atención ahí y relajando cada parte. Este proceso lo puedes ir acompañando con la respiración consciente, sintiendo que llevas aire limpio y puro a cada parte del cuerpo al inhalar y al exhalar sacas fuera tensión, estrés y preocupación.
Una vez que has relajado todo el cuerpo, el siguiente paso básico es aprender a concentrar tu atención. Para ello, puedes centrar la atención en un punto específico del cuerpo (por ejemplo debajo de los orificios nasales) y vas observando qué ocurre en ese punto haciéndote la pregunta constante de: ¿Qué está ocurriendo en el momento presente en esta zona? ¿Qué información puedo obtener si me concentro más en este punto?
Al ir aumentando la percepción, vas quitando capas y capas y obtienes más información del momento presente, llegando cada vez más a estados ampliados de consciencia.
Para meditar, podemos utilizar herramientas que nos apoyen en la práctica de conexión y concentración y que nos sirvan como anclajes, desde ejercicios específicos de respiración, mantras, mudras, frecuencias armónicas o visualizaciones hasta apoyos energéticos, como cristales o aromaterapia
Todos los minutos dedicados a la meditación siempre actúan a nuestro favor, por lo que es una práctica sin riesgo que nos puede aportar muchísimos beneficios en nuestro día a día.
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