Soy mamá y maestra, experiencias que me nutren día a día como ser humano. Los niños pasan por etapas y lo mejor para cada una es conocerlas para poder manejar cada experiencia sin creer que perdemos el norte.
Una de las tantas cosas que uno aprende con el pasar del tiempo es a no darle importancia a lo que no lo necesita. Esto lo digo, comprobado por mí, mientras más valor le das a la pataleta más se van a repetir.
Muchas veces mi hijo mayor cuando tenía dos años se lanzaba al piso y gritaba porque yo no seguía su impulso; lo dejaba allí y seguía era mágico cuando veía que me alejaba, se levantaba como si nada y me tomaba de la mano. Tenemos que recordar que las pataletas vienen en la edad que nuestro pequeño es egocéntrico (solo piensa en el y para el solo está su punto de vista) es su impulso por hacer cumplir lo que desea y no existirá poder alguno que lo haga cambiar de opinión y muchos menos si tratamos de negociar.