Nuestro primer año de vida en familia en Edimburgo

Parece mentira, pero ya hemos completado nuestro primer año de vida en familia en Edimburgo. Este mes se cumple un año desde que aterrizamos en esta ciudad que nos ha acogido tan bien para re-unificarnos como familia y comenzar una nueva vida. Después de tres largos años siendo una familia desmembrada ya tocaba volver a vivir en familia, aunque eso supusiera separarnos de nuestras familias y dejar lo que era nuestra «vida» atrás. Pero teníamos claro que nuestro núcleo familiar es el verdaderamente importante y no podíamos seguir manteniendo una situación que no nos hacía felices a ninguno, así que era el momento de empaquetar nuestra vida hasta entonces, o al menos lo más representativo, y dar el paso. La verdad es que la vida expatriada se antoja a priori como una aventura. Para nosotros lo está siendo, ciertamente, pero para mi es más importante recalcar que nuestra vida en familia en Edimburgo es tan normal como lo era en Huelva, y es el mejor síntoma de nuestra integración y buena adaptación. No veníamos con grandes expectativas, más allá de volver a vivir en familia. Sí había otros alicientes como el hecho de la oportunidad de una inmersión lingüística a tope sobre todo para mis hijos, un sistema educativo diferente, un mercado laboral amplio y activo, o el simple hecho de que a mi particularmente siempre me haya atraído Escocia y me parezca un país maravilloso. Un año después, ¿qué balance hago?, ¡no se por dónde empezar!. Creo que la mejor manera de resumirlo es diciendo que llevamos una vida normal y mis hijos son felices, así de simple. Solo con eso me doy por plena y satisfecha, porque aunque no parece gran cosa, para mi lo es todo. Aunque tenía bastante claro que todos nos adaptaríamos bien, así en general, como madre no dejaba de tener ciertas dudas, o miedo, de que no saliera como esperaba. Porque nunca se sabe, una cosa era venir de vacaciones, como fue nuestra primera experiencia en Edimburgo hace dos veranos, y otra cosa era establecernos de manera indefinida, la vida escolar, la rutina y lo que viene siendo el día a día. Mis mayores se han adaptado de maravilla al colegio y el idioma no ha sido un problema en absoluto. Aunque al principio lógicamente les costaba más entender, sus teachers han sabido ponérselo fácil y a día de hoy siguen las clases con total normalidad. Incluso tanto mi mayor como mi niña hoy por hoy han subido de nivel en matemáticas y lengua, con material y contenido de mayor dificultad, lo que me deja claro que en el colegio les va más que bien. No solo eso, sino que están totalmente integrados en todas las actividades y dinámicas, son niños muy participativos, se apuntan a todo, colaboran en lo que haga falta. Les encanta ir al colegio y son muy felices en él. También siguen con normalidad sus actividades extraescolares. Encontramos una profesora de piano maravillosa para mi mayor, que lo ha preparado para las audiciones de acceso a la Edinburgh Music School, unas pruebas muy exigentes que ha logrado superar con muchísimo esfuerzo y horas de trabajo y que le ha dado acceso a esta prestigiosa escuela de música para el próximo curso. Mi niña también continua con sus clases de ballet, encontramos un estudio de danza cerca de casa y además de seguir con algo que le gusta mucho, le ha venido muy bien para hacer nuevas amistades además de las del colegio. Este año hemos limitado las actividades extraescolares porque, a la hora de adaptarnos, necesitaba tomarnos las cosas con mayor tranquilidad, ir viendo cómo me organizaba. Sigo estando sola con los tres porque papá trabaja muchas horas fuera de casa, en Edimburgo las distancias son largas, dependemos del transporte público, el tiempo no acompaña, así que preferí dejar fluir con una actividad cada uno y ver si era posible, con el tiempo, a ampliar más. Mis hijos tienen muchísimas inquietudes, quieren hacer muchas cosas y por suerte esta ciudad nos ofrece muchísimas posibilidades para cubrirlas. Mi hija quiere dar clase de artes plásticas y gimnasia rítmica, mi mayor quiere hacer robótica y por fin le he convencido para que haga deporte, eligiendo judo, así que este próximo curso se presenta interno. Pero ya teniendo más conocimiento de la ciudad, los horarios y los espacios, ahora sí puedo plantearme ampliar sus actividades y organizarme mejor. El pequeño ya comienza a volar solo. Ha estado conmigo full time hasta este pasado mes de enero que por fin comenzó la guardería a jornada partida. Aquí la guardería pública es a partir de los 3 años y la fecha de incorporación depende del año de nacimiento. Como mi Bollicao nació en septiembre le correspondía entrar en enero siguiente a cumplir 3 años, en jornada de 3 horas al día de lunes a viernes. Bien por un lado porque me dejaba algunas horas libres para poder hacer «algo», mal porque al final entre llevar y recogerlos a todos hacía 3 viajes al día al colegio y se me iba la mañana prácticamente en ir y volver. Pero curiosamente, a las tres semanas de incorporarse a la guardería, recibí la carta de otra guardería a la que apliqué que sí ofrece la jornada completa – 5 horas al día de lunes a viernes- (el proyecto es que antes del 2021 todas las guarderías públicas ofrezcan esta jornada completa, de momento solo lo hacen algunas), a la que se incorporó en marzo, y no podemos estar más contentos. Hablaré con más detalle de ella en un post específico pero, para que te hagas una idea, es lo más parecido a una guardería Montessori-Waldorf o de pedagogías alternativas. No se basan en ninguna de estas pedagogías pero su filosofía es el juego libre, el libre movimiento, el acompañamiento y el respeto al desarrollo de los niños. Es maravillosa. En este año hemos recorrido gran parte de Escocia, nos encanta salir los fines de semana a […]