Mi compañera Cristina Bolaños de Multilacta, ha escrito un artículo super interesante sobre la permeabilidad intestinal en los recién nacidos, y nos explica porque no deben darse las “ayuditas”, no os lo perdáis porque es muy interesante.
Al nacimiento, el intestino de un recién nacido es prácticamente estéril, o como se puede leer en algunos artículos, es microbiológica e inmunológicamente “virgen”. Otra característica muy importante es que las uniones intercelulares de la mucosa del intestino delgado están abiertas, permitiendo el paso al torrente sanguíneo de macromoléculas. Ésto es lo que se conoce como permeabilidad intestinal.
Esta peculiaridad del intestino del bebé le beneficia en algunos aspectos, como a la hora de permitir el paso de la IgA del calostro, anticuerpo por excelencia presente en la leche materna, y que se encuentra en cantidades muy superiores a las de la leche madura, también con cantidades nada desdeñables. Por ello, la permeabilidad intestinal en el periodo neonatal es mucho mayor, para permitir esa “primera vacuna” proporcionada de forma natural por el calostro de la madre, lo cual constituye el fenómeno de adquisión de la inmunidad pasiva. Pero después tiene que cerrarse. El fin de este proceso ocurre en torno a los 6 meses de vida, ha sido denominado “cierre intestinal” (“gut closure”), y está determinado por factores dietéticos (destete), hormonales y probablemente está programado genéticamente (1).
Los niveles de Ig se modifican a lo largo de los 14 días postparto, siendo la cantidad aproximada de IgA del calostro de unos 1700 mg por cada 100 ml, y de unos 100 mg por 100ml en la leche madura (Lawrence, 1989).
Pero así como los anticuerpos pueden traspasar esa barrera y pasar a la circulación sistémica dotando al bebé de anticuerpos, hay otro tipo de moléculas y células que también lo hacen, como agentes patógenos o proteínas determinadas que llevan a una sensibilización del sistema inmune ante determinados alimentos (1). Este cierre se produce de forma más tardía en lactantes alimentados con LA, por lo que la exposición a patógenos y alérgenos es mayor.
Por lo tanto, esta peculiaridad del intestino lactante, no sólo permite el paso de anticuerpos y otras sustancias, sino que la flora con la que se va poblando a través de la ruta entero-mamaria, lo tapiza protegiendo frente a esa permeabilidad y crean un ambiente idóneo que impide la supervivencia de bacterias patógenas. Bacterias “buenas y malas” se mantienen en equilibrio gracias al “Principio de exclusión competitiva”. ¿Qué significa? Bacterias no patógenas, se imponen sobre las patógenas cuando compiten por el mismo nicho ecológico, es decir, por vivir en el mismo medio. Esto explica que la microbiota propiciada por la LM al bebé, le proteja frente a bacterias causantes de infecciones, impidiendo la colonización intestinal por ellas, y su paso al torrente sanguíneo.
La leche humana es la principal fuente de bacterias comensales del intestino del bebé, y esas bacterias son uno de los estímulos más importantes para el desarrollo de tejido linfoide intestinal, que es el tejido de “defensa”, pudiendo promover procesos antiinfecciosos y antialergénicos. (2)
Sustancias como el factor bífido o la lactoferrina intervienen en el proceso, modificando el ph intestinal y favoreciendo la absorción del hierro (Fe), contribuyendo con ello a un ambiente poco propicio para bacterias patógenas ferrodependientes.
Una de las patologías neonatales graves más importantes asociadas a la alimentación enteral con fórmula adaptada, es la ECN (enterocolitis necrotizante). Existen 2 factores fuertemente asociados a la etiología de la enfermedad: la prematuridad y la alimentación con leche artificial. A continuación, un fragmento de un artículo sobre el tema, donde se explica bien el proceso que puede tener lugar en la etiopatogenia de la ECN:
“La predisposición de estos niños pudiera explicarse por la inmadurez de su tracto gastrointestinal con función luminal limitada que conlleva una absorción parcial de carbohidratos y grasas así como proliferación bacteriana, mayor permeabilidad de la mucosa e hipomotilidad. Junto a ello, existe inmadurez de los sistemas defensivos sistémicos y de la mucosa intestinal, entre otros la IgA secretora y la barrera de mucina (…) Se ha descrito un efecto protector de la leche materna en comparación con diferentes fórmulas artificiales” (3)
El intestino del RN se irá colonizando y tapizando de flora protectora a través de la leche de su madre (que no es estéril), sino que recibe a través del sistema circulatorio y linfático esas bacterias procedentes del intestino materno.
Por lo tanto, sólo un suplemento de fórmula en 24 horas dará lugar a un cambio casi inmediato para la flora intestinal, en el que las buenas bacterias (bifidobacterias) ya no son dominantes, y podría haber dado lugar a una sesibilización a la PLV, y por tanto, al desarrollo de APLV (alergia a la proteína de leche de vaca)
las bacterias patógenas.
(1) Roth, M. “Building a healthy gut for baby”
(2)Fernández L, Rodríguez JM. “Bacterias lácticas de la leche humana”
(3)Fernández I, De las Cuevas, I. “Enterocolitis necrotizante neonatal”. Boletín pediatría 2006; 46(SUPL. 1): 172-178. Acceso on line en http://www.sccalp.org/boletin/46_supl1/BolPediatr2006_46_supl1_172-178.pdf
(4)Walker, M. Just one bottle won’t hurt — or will it? Supplementation of the breastfed baby. Acceso online en http://www.health-e-learning.com/articles/JustOneBottle.pdf