No hace muchos días que os contaba qué cosas echo más de menos de la época “pre” maternidad. Pero aunque no pueda hacer la siesta, ni jugar a fútbol, ni tomar una cerveza sin programar, o aburrirme en el sofá un domingo por la tarde…
Vale la pena. Ser madre vale la pena. Mucho. Aunque suene a tópico. Compensa. Y no de vez en cuando…cada día!
Miro los albumes que hago de tanto en tanto y pienso en cómo ha cambiado mi vida, en cuánto tengo ahora que no tenía algo. Y pienso cómo sentía antes que mi vida estaba completa si no las tenía a ellas. Por mucho que me queje en el día a día, o escriba aquí mi desesperación en ciertos momentos…el tiempo pasa volando, y crecerán y llegaran años con más tiempo libre; y entonces sí que echaré de menos lo que de verdad vale la pena: que ellas quieran estar conmigo todo el día! En cada cumpleaños cuando les escribo, alucino con el paso del tiempo!
Hoy os cuento 8 razones por los que vale la pena ser madre: aunque no tengas tiempo de nada, aunque no recuerdes qué día es, ni cuándo te maquillaste por última vez o quedaste con tus amigas para cenar. Hay miles, pero aquí van las primeras 8 que me pasan por la mente. Son 8 porque si no paro en un número podría escribir un libro.
1. Por sus sonrisas. Porque no hay mejor despertar que la sonrisa de tus hijas. Porque no hay mejor remedio a los problemas que sus carcajadas.
2. Por sus abrazos. Porque no hay recompensa más grande que ese abrazo al llegar a casa. O esos abrazos cuando se quedan dormidas acurrucadas contra mí.
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¿Juguemos con todo?

convirtamos el sofa en una cama saltarina?


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