
Es común escuchar en conversaciones entre adultos la creencia de que los niños de ahora no son iguales a los de antes, así como que la educación actual tampoco lo es. Bajo esta idea se asoma una especie de añoranza hacia esa educación que sí era efectiva, donde los niños sí respetaban y una especie de desconfianza hacia lo que se conoce actualmente como crianza positiva. Esta desconfianza es producto del desconocimiento y mala interpretación hacia lo que realmente promueve este modelo educativo. Es por ello que me animé a escribir al respecto, a fin de aclarar dudas y quizás de ganar algunos aliados.
No sabría decirles desde cuándo se empezó a hablar de crianza positiva. Es posible que este modelo de crianza haya surgido una vez comenzaron a reconocerse los derechos de los niños, debido a que está íntimamente relacionado con el buen trato, que ha sido uno de los principales puntos de atención en la creación de leyes y tratados. También es posible que a lo largo de la historia muchos padres se hayan atrevido a criar a sus hijos bajo métodos más positivos y respetuosos, aunque ello no fuese lo que reinase dentro de su sistema educacional y cultural. Un aplauso para ellos.
La crianza positiva es el establecimiento de límites y normas dentro de un contexto afectivo, donde el diálogo constante, la comprensión, el respeto y los acuerdos son los pilares de la relación padre-hijo y los medios más efectivos para lograr que los niños sean colaboradores, considerados y responsables de sus actos. La crianza positiva reconoce al niño como un sujeto de derechos y ajusta sus métodos al nivel de desarrollo evolutivo del niño, considerando siempre que éste siente, piensa, experimenta y aprende a su ritmo y a su manera.
Más que métodos, son formas de convivir y relacionarnos; constituyen un estilo de vida que adoptamos con la apertura de estar dispuestos a aprender constantemente a ser mejores padres. Nada tiene que ver con quedarnos en un lugar cómodo donde lo nuevo es rechazado, donde nos conformamos con lo que aprendimos de la crianza que recibimos de nuestros padres y con lo que nosotros consideramos que es correcto. Criar de forma positiva implica estar actualizados, prepararnos continuamente y hacer monitoreo constante de nuestros objetivos de crianza, así como de nuestra conducta. Ello en tanto que esta forma de criar tiene que ver con el sano desarrollo y crecimiento de los hijos tanto como el de los padres.
Para algunos la crianza positiva es una especie de utopía, creyendo que es inalcanzable o inaplicable. Quizás lo más difícil de este método es el conjunto de destrezas y habilidades que los padres deben desarrollar, lo cual implica esfuerzo y voluntad. Esto último es algo que pocos quieren asumir. Lo segundo más difícil es convencerlos de que eso que han escuchado o interpretado de la crianza positiva nada tiene que ver con la misma. A modo de aclarar confusiones o ideas distorsionadas aquí les dejo algunos puntos a considerar:
Qué NO es la crianza positiva
Qué beneficios conlleva
Como pueden ver, más que una actitud, la crianza positiva es un compromiso, un plan de vida. ¿Quieren asumirlo? Si se animan, este es el inicio de una serie de escritos que estarán dedicados a ofrecer a los padres herramientas útiles para criar positivamente. Dichos escritos estarán divididos en lo que considero los cuatro pilares de la crianza positiva, a saber.
Los invito entonces a estar atentos a las próximas publicaciones y en general a leer el contenido de este blog, el cual está orientado a la promoción de la crianza positiva.
¿Tienes alguna duda u objeción sobre la crianza positiva? No dejes de compartirla en los comentarios.