Hace unos días pude leer en el diario La Vanguardia una noticia en la que se contaba cómo 11 maestras jubiladas estaban recorriendo algunas escuelas de Cataluña para contar cuentos a los pequeños, para relatarlos a la manera tradicional, despacio, con los silencios oportunos y los gestos precisos para enredar a los niños en la trama de la historia. Los cuentos narrados para los niños, según ellas lo estaban haciendo ver, les traía muchos beneficios.
La idea de todo esto era recuperar la magia de loscuentos narrados para los niños, lo cual ha quedado cada vez más en el olvido a causa mundo audiovisual, donde todo parece estar apoyado por imágenes y sonidos. Los niños están poco acostumbrados a esa narraciones detalladas y largas lo que hace que, según se destaca en la noticia, los pequeños se queden subyugados y encantados con la magia del momento.
Los cuentos narrados para los niños no sólo son una forma de entretener diferente a los modos actuales (y de recuperar una tradición de siglos), sino son de gran beneficio en la parte educativa. Esta oralidad es la mejor manera de introducir a los niños en la lectoescritura puesto que escuchando adquieren más vocabulario, aprenden a estructurar el pensamiento y supone un desarrollo de la imaginación al tener que crearse ellos sus propias imágenes mentales. Junto a esto, la oralidad ayuda a que los niños aprendan a estar atentos: muchos maestros se quejan de la dispersión y la falta de capacidad de atención de gran parte de los pequeños en las aulas.
Con todo ello se abre el debate sobre si dar más importancia a la oralidad en el sistema educativo, en el que la escritura, por ejemplo en la realización de exámenes o en la entrega de trabajos, prima sobre ella. Se habla de formar en oralidad también, en enseñar a los niños y adolescentes a hablar correctamente en público y perder el miedo a ello. En Cataluña ya se están dando los primeros pasos. En segundo de bachillerato los alumnos que tienen que entregar un trabajo de investigación que supone el 20% de la nota final, deben defenderlo de manera oral.
¿Suele tu hijo acudir a cuentacuentos o le relatas tu mismo historias de manera oral? ¿Qué opinas acerca de si se debe educar también a los pequeños para desarrollar sus capacidades oratorias?