Puede que te sorprenda leer que decidimos retirar el pañal después de los tres años porque no es lo habitual. Pero así es como se ha dado este momento clave en mi hijo, saliéndonos un poco de lo que suele ser la pauta normal. Tampoco tuve prisa en hacerlo con mis mayores, aunque en su caso se daba un factor clave que con mi pequeño no ha existido, el comienzo de la etapa escolar. Por norma general – aunque hay excepciones – el control de esfínteres es una de las condiciones que se tienen en cuenta a la hora de que los niños comiencen el colegio. Mis mayores cumplen los años en julio, así que hasta que les vi preparados para ello y con ayuda de la guardería, retiramos en pañal un par de meses antes de cumplir los tres años, sin incidencias y con pleno éxito. De hecho ambos, a la semana de retirar el pañal de día, dejaron de usar pañal nocturno también. En Escocia la educación primaria comienza a los cinco años. Hasta entonces el gobierno ofrece horas de nursery – preschool donde la dinámica se asemeja más al concepto guardería o primer ciclo de educación infantil que al segundo ciclo de educación infantil, lo que es el «preescolar» en España. Esto significa que se respeta mucho más los ritmos de los peques y no pasa nada si con tres años aún siguen llevando pañal. Esto hizo que yo me haya relajado un poco a la hora de pensar en retirar el pañal de mi pequeño. Unido al hecho de que desde que llegamos a Edimburgo no ha ido a guardería – no es imprescindible para retirar el pañal, lógicamente, pero como las criaturas aprenden por imitación, es mucho más sencillo cuando en su entorno hay «iguales» que van al baño y no usan pañal -, que entramos y salimos mucho por el simple hecho de llevar a sus hermanos al colegio y otras actividades, y que el clima no acompaña para sobrellevar un escape en plena calle. Mucho menos para andar «en pelotas» por casa para evitar mojar la ropa en cada escape. Total, entre que no acababa de ver a mi bebé preparado – el hecho de «no hablar» no facilitaba mucho la labor -, no encontraba el momento «ideal» – porque en España solemos recurrir al verano como época idónea para ello y en Escocia el verano cae un día al año -, y que me daba un pelín de pereza – porque reconozco que la retirada del pañal de mis mayores fue obra y gracia de la guardería -, fuimos postergando la retirada del pañal. Pero ya con tres años y cinco meses empezaba a sospechar que si no íbamos retirando ya el pañal, con el tiempo quizás nos costaría más. O no, quién sabe, pero pensé que al menos debíamos intentarlo. Así que me planteé como fecha objetivo la segunda semana de febrero, porque al haber vacaciones escolares me quitaba uno de los principales inconvenientes para retirar el pañal en pleno invierno escocés, tener que salir de casa varias veces al día para ir la colegio y las actividades extraescolares. Decidí no posponer más el momento de intentar retirar el pañal y me planteé la semana de vacaciones de febrero como encierro domiciliario, por el bien común. La verdad es que el tiempo no acompañaba nada y mis mayores tampoco estaban muy por la labor de pasar todo el día fuera de casa, así que podía ser un buen momento para ello. No voy a decir que la primera semana fue un éxito absoluto, pues me junté con ciertas circunstancias que no me lo pusieron nada fácil: Mi Bollicao se negaba rotundamente a ir al baño y sentarse en el retrete. No era consciente de su «poder» de hacer pipi o caca ni del «esfuerzo» que tenía que realizar voluntariamente. No quería quitarse el pañal, así sin más. Sí le veía preparado para dejar el pañal porque es muy autónomo y resuelto en general. Pero se había acomodado al hecho de llevarlo y no estaba por la labor de salir de su zona de confort, y su negativa transmitía cierta inseguridad a no saber qué pasaría sin el pañal. Así que la primera meta era demostrarle que podía hacer pipí y caca solo, aunque nos llevara algunos días cogerle el truco. Pero, lo dicho, el simple hecho de decir «vamos al baño» le hacía salir corriendo en dirección contraria y esconderse, y sentarlo en el wc obligado tampoco era la mejor solución. Lo intenté todo. Contarle lo divertido que es hacer pipí solo, acompañarle, sentarme yo para que siguiera mi ejemplo (aunque lleva metiéndose conmigo en el cuarto del baño desde que tiene capacidad para desplazarse por sí mismo), que lo ayudaran sus hermanos, canciones, cuentos, premios. Nada. Ni siquiera ofrecerle monedas de chocolate de premio – se que no es el mejor recurso pero tenía que intentarlo – le convencía a sentarse en el wc. El muy listo me pedía la chocolatina antes, por si acaso, se la comía, pero de ir al baño nada de nada. Y claro, sin pañal, los pises y lo que no eran pises corrían pata abajo como por el monte las sardinas. Y yo me desesperaba un pelín entre su no querer sentarse en el wc bajo ningún concepto e ir limpiando restos fisiológicos por doquier, además de aumentar el número de lavadoras y superficies a limpiar, incluyendo alfombras, con un maravilloso tiempo de frío y lluvia. Un planazo. Un comentario en Instagram me dio la idea de buscar una app que nos ayudara a ir al baño con más alegría, y encontré una muy sencilla y básica en la que un niño, o una niña, comen o beben, van al baño según corresponda, usan el papel higiénico, tiran de la cisterna, se lavan las manos… En fin, lo que viene siendo lo normal cuando vas al baño. No voy a decir que la […]