Ya os he contado alguna vez nuestra experiencia con la lactancia materna. Como muchos de vosotros sabréis, nos consideramos defensores de ella y algo que hay que potenciar en nuestra sociedad. A día de hoy el pequeño, con 18 meses, sigue tomando el pecho.
Las situaciones más tensas se viven por la noche; como ya os hablé hace algún tiempo, no nos importa practicar el colecho. Tampoco es que lo pongamos a dormir directamente en nuestra cama, pero si quiere acabar durmiendo con nosotros no hay problema alguno. Al final la rutina para ir a dormir siempre es la misma: La súpermami le da el pecho al pequeño en nuestra cama; se duerme y lo lleva a la suya. A eso de las 00.00, minutos arriba o minutos abajo, se despierta. El primer paso es ir yo e intentar que vuelva a dormir; muchas veces le pongo el chupete y sigue durmiendo un rato más tan plácidamente; en otras ocasiones se deja la vida pidiendo agua y luego sigue durmiendo un rato más tan plácidamente. Sin embargo hay veces que nada de esto funciona; es entonces cuando se empieza a caldear el ambiente. Empieza a gritar y, tras intentarlo todo, la única manera de que se calme es ponerlo a la teta. Cuando esto se repite día tras día, semana tras semana, mes tras mes y el cansancio se va acumulando, la teta con patas supermami necesita como agua de mayo descansar a pierna suelta, lo que hace que la paciencia disminuya y entremos en un círculo vicioso de cansancio, nervios...