En la pantalla donde normalmente ponen las letras, le pusieron dibujos. Las imágenes eran en blanco y negro. Había una casa, un sol, un gato, una persona... Y como a los mayores con las letras, en cada línea iban siendo cada vez más pequeños.
El doctor, le iba preguntando qué era el dibujo que estaba señalando, y mi hijo lo iba diciendo.
Contestaba en inglés: house, flower, cat, sun...
Le dije al oculista, que él hablaba en inglés pero que le entendía bien si le hablaba en español.
Y entonces, mi hijo cambió de idioma y empezó a nombrar los dibujos en castellano. Palabras que yo nunca le había oído decir en español: casita, gatito...
¡Qué dulce! ¡Que voz tan bonita! Tanto mi marido como yo tuvimos una sensación de emoción muy grande.
Nuestro peque, sabe que un mismo objeto se puede nombrar de varias maneras según con quién estés hablando. Y a raíz de lo que le dijimos al doctor, supo identificar que con el doctor había que hablar en castellano.
Fue un gran momento.
La verdad, es que últimamente estoy encantada con el desarrollo de su lenguaje. Para él está siendo un proceso normal, fluido. Se comunica como cualquier niño monolingüe, expresa lo que quiere, construye frases y te cuenta cosas.... Eso sí, todavía al nivel de un peque de tres años (de los que han tardado en hablar).
Estos momentos especiales que se salen de la rutina y en los que ves a los peques en una situación diferente son geniales. Esta aventura es genial.