Visualizando la niña que hay en mí…

Para mi segundo embarazo, decidí optar una vez más por el yoga para embarazadas, como tiempo para cuidarme tanto física como emocionalmente.  Lo que menos esperaba es que las clases de yoga serían para mí solita, ya que durante todo mi embarazo, nadie más llegó a apuntarse a las clases. El caso es que, aunque por un lado me habría encantado compartir ese tiempo con otras mamás y compartir experiencias, sensaciones, etc, por otro lado, se convirtió en un espacio muy íntimo, en el que pude expresarme con mucha más tranquilidad.

Cuento todo esto porque, ahora que me encuentro realizando un curso sobre educación respetuosa, el primer tema se centra en conocer tu verdadera historia y sanar las heridas del pasado, es decir, ser consciente de todo aquello que te pudo hacer daño en algún momento y perdonar. Este tema me ha llevado a recordar una de las sesiones de yoga en la que N me dijo que haríamos una visualización. Me indicó que cerrara los ojos e imaginara un lugar tranquilo, lleno de cesped, flores y al fondo una gran montaña. De aquella montaña surgía una niña pequeña. Lo realmente emocionante fue saber que esa niña sería yo.

Este ejercicio, tan sencillo y simple al mismo tiempo, consiguió remover todo dentro de mí y emocionarme como hacía tiempo que no me pasaba. Y es que casi nunca caemos en la cuenta de que dentro de nosotros hay un niño y que a veces es necesario encontrarnos con él, hablarle, decirle como nos sentimos, o simplemente observarlo y disfrutar de su espontaneidad. Para mí resultó una experiencia muy agradable y un tanto dolorosa, porque de algún modo, es como situarnos ante un espejo y hablarnos a nosotros mismos. MIrarnos a los ojos y ser claros.

Todas estas situaciones nos ayudan a crecer, a conocernos mejor y como no, a caminar por el largo sendero que supone el autodescubrimiento y que todo proceso de cambio conlleva.